Identidades Indígenas Paradójicas

Guam es un pequeño trozo de tierra del tamaño de Ibiza pero en forma de cacahuete y perdido en el Pacífico Occidental.  Forma parte del archipiélago de las Marianas que se alinea siguiendo de norte a sur la célebre fosa que lleva su nombre. Estas islas estuvieron pobladas por gentes austronésicas del tronco Malayo-Polinesio que posiblemente llegaron aquí en diversas oleadas 4000 años AC. Los españoles, tras el contacto en el siglo XVI, apodaron a sus líderes “Chamorris” por su llamativo peinado y, tras más de cuatrocientos años después del primer contacto y muchas idas y venidas que ya contaremos en otro momento, éste es el nombre étnico que hoy visten con orgullo: Chamoru.

Los chamorros (a pesar de que posiblemente esta sea la primera vez que usted oye hablar de ellos y de su isla) están muy orgullosos de ser quienes son. En sus venas corre sangre chamorra, filipina, española e incluso norteamericana, por esto algunos autores hablan de población neo-chamorra marcando así con claridad la ruptura con un pasado “puro” indígena, como si esta pureza existiera. Los chamorros, chamoru, neo-chamorros o tao tao tano (como a algunos líderes indigenistas les gustan ser denominados en lengua vernácula) viven hoy momentos difíciles de intenso movimiento para su identidad étnica. Estos movimientos están dejando al desnudo una paradoja profunda  que se vive en el seno del proceso identitario y que me parece que es común a muchos otros grupos étnicos en el mundo.

Si hacen una búsqueda rápida en internet sobre Guam encontrarán que uno de los atributos que más llama la atención es que casi el noventa por ciento de los chamorros se consideran cristianos y católicos. Esta adscripción religiosa es fundamental para su identidad actual pues les define frente a las fuerzas coloniales actuales (principalmente norteamericanas y protestantes) y organiza la gestión de la muerte y el funcionamiento social. El sistema ritual funerario católico y la devoción a la Virgen María son elementos esenciales para su identidad.

Al mismo tiempo, muchos chamorros, especialmente las personas de media edad que vivieron el despertar indigenista de los años 80, rechazan radicalmente el colonialismo y sobre todo, el colonialismo español al que culpan de la desaparición de casi todos los chamorros “puros” y de su cultura pre-contacto (algo que debemos admitir como cierto o al menos casi cierto del todo, pues las culturas pocas veces desaparecen sino que se sincretizan y cambian, se adaptan). Con estas dos pinceladas podemos introducir la paradoja identitaria que aparece en muchas culturas actuales, especialmente aquellas colonizadas por los españoles y, por lo tanto, evangelizadas. La exponemos de forma esquemática y que cada uno extraiga sus conclusiones.

  1. Españoles/Colonia = Mal
  2. Cristianismo/catolicismo = Bien
  3. Españoles = Catolicismo (o lo que es lo mismo MAL = BIEN)

El cristianismo no es una vacuna o una terapia médica que se puede asumir sin modificar presupuestos culturales básicos. Si se acepta el cristianismo (o es impuesto), la cultura cambia definitivamente. Ahora bien, después de trescientos años ¿cómo rechazar lo colonial sin rechazar el cristianismo?, o ¿cómo mantener el cristianismo rechazando lo colonial?  Seguramente que algunos de ustedes estarán pensando que la solución es sencilla: eliminemos lo católico y basta. Sin embargo, si eliminamos lo católico destruimos la cultura y dañamos a las personas, pues no se trata de un “tumor localizado” sino de una forma de vivir, de una experiencia profunda y existencial que ha entrado hasta la médula de estas culturas durante muchas generaciones.

Otra solución más plausible la propone Albert Wendt, un escritor indígena samoano: las culturas post-coloniales “should not reject European aesthetic and ideological traditions in a spurious search for cultural authenticity, but rather should celebrate the syncretic character of postcolonial cultures and the ‘indigenization’ of European forms.”

Hay mucho más que discutir pero de momento lo dejamos aquí con esta pregunta: ¿Cuál es su propuesta?