Género, número y violencia

Por David Atienza de Frutos

[Artículo publicado tambien en nuestro espacio en Religión Digital]
Recientemente participé en un congreso internacional en Hawai sobre artes y humanidades. El tema de la identidad aparecía recurrentemente y de manera confusa. Vivimos sin duda en un tiempo de cambio donde la resaca postmoderna sigue presionando nuestras sienes.

El recuerdo del holocausto y la crisis de la episteme occidental han generado un pensamiento débil imperante. Y… ¡ay, del que se atreva a hablar de La Verdad! Académicamente se suicida y socialmente se encontrará con el ostracismo más absoluto.

En medio de este caos, el cristianismo sigue siendo ferozmente actual. Y la cruz de Cristo, radical y revolucionaria, imagen repulsiva para unos y atracción irresistible para otros. Basta ver los comentarios a los blogs de esta página para darse cuenta de que es un hecho.

La génesis de este movimiento posmoderno está enraizada en la violencia o, mejor dicho, en la búsqueda de una solución humana y eterna, lo que podría ser paradójico, de la violencia.

En el holocausto nazi, la razón ilustrada encontró su muerte agónica. La violencia ‘racional’ se manifestó cruda y públicamente: obscena. Tras la horrible visión de la Shoa [exterminio judío], pensadores como Derrida, Habermas, Lyotard o Vattimo, entre muchos otros, sentaron las bases para una solución estética y definitiva.

Es en este contexto donde se gesta la “teoría de género”, una teoría cuyo último objetivo es la disolución total del concepto, es decir, del género. Es importante comprender este punto ya que la teoría de género no busca la definición y aceptación de nuevas identidades sexuales o “multi-sexuales”, sino a la postre, la absoluta erradicación de la diferencia de género y por lo tanto, el fin de la violencia.

La propuesta es muy sencilla: si la violencia nace de la oposición de los contrarios –blanco/negro, hombre-mujer, ricos/pobres, izquierda/derecha y principalmente verdadero/falso- la destrucción epistemológica de la diferencia arrastrará consigo a la violencia.

Como pueden ver el proceso es filantrópico y lleno de buenas intenciones. Pero, ¿cómo llevarlo a cabo? El comunismo echó mano de las utopías dialécticas para uniformizar la sociedad y eliminar la diferencia. Fracasó por estar enraizado en la propia lógica que quería destruir, pues todo pensamiento lógico tiene necesidad de la oposición y por lo tanto perpetuará irremediablemente la diferencia.

La teoría posmoderna actuará desde la crítica estética y literaria, donde el pensamiento lógico puede ser puesto en “pausa”. Dado que la Verdad -dicen ellos- no se ha manifestado plenamente, ni lo hará, mostremos cómo en un discurso dado “las verdades” no tienen un fundamento ontológico y, por lo tanto, son intercambiables.

La acumulación de “verdades opuestas” hará caer el sistema por sí mismo. A este proceso se le llamará “deconstrucción”. Y ahora podemos entender cómo la incorporación del número al género –ya no hay dos géneros sino cinco y pronto habrá más- destruirá el concepto.

El problema que nos encontramos, no obstante, es que al eliminar de la frase “violencia de género” el término “género”, nos queda solamente “violencia”, pero esta vez sin apellidos. La violencia no se termina y en el proceso, como dicen los anglos, el niño se nos fue con el agua de la bañera, y sólo nos queda nadar en un mar sin orillas, culpándonos a nosotros mismos por la infelicidad, la falta de esperanza y la muerte que nos rodea, pues al menos antes podíamos culpar al gobierno, al sistema o incluso a Dios.

Sin embargo, Cristo, muerto y resucitado, propone otra solución, y esta vez eterna. Para destruir la violencia, la violencia que surge de los opuestos, se hizo violencia Él mismo.

En términos teológicos y cristianos: se hizo pecado. Asumió en su carne la violencia del otro, mi violencia y tu violencia, aun siendo inocente y aun teniendo la capacidad de hacer justicia, sin resistirse. Cristo en la cruz, denuncia la violencia humana y al mismo tiempo la redime. Por eso es actual y lo será siempre, y es en Él donde se ha manifestado la Verdad. La violencia sólo puede ser destruida en Cristo o en alter-Christus, y esto sí que es revolucionario.

Un pensamiento en “Género, número y violencia

  1. Pingback: La “Violencia estructural” de Gallardón y la “violencia de Género” | las cosas ocultas desde la fundación del mundo

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