Cristo y la huelga general del 29 de marzo

Por Desiderio Parrilla, 20 de marzo de 2012

El katechon es un concepto clave de la Revelación evangélica.  Es un término griego que debe pronunciarse katéjon, es el participio presente del verbo katecho (katécho) que significa: retener, agarrar, impedir.

Es el apóstol San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses, versículos 6 y 7, quien lo utiliza por primera vez como idea de obstáculo, de impedimento, a la venida del Anticristo.

Image

Veinte siglos después, es el filósofo del derecho y jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) quien en varios trabajos suyos recupera la idea de katechon otorgándole una significación política.

Katechon, por tanto, es aquello que contiene el desbocamiento total de Satanás. René Girard muestra el aspecto antropológico de esta categoría inicialmente teológica: el katechon es lo que mantiene a raya nuestras violencias, de modo que la violencia humana, satánica y sacrificial, se mantiene contenida dentro del control de ciertos límites.

Pero este katechon no es la Iglesia, sino una institución mundana, puesto que contiene la violencia mediante la propia violencia. Mediante una violencia mesurada se impide el desbocamiento violento total.

Para Jean-Pierre Dupuy, un discípulo de René Girard, el katechon actual es el mercado capitalista postindustrial. El mercado capitalista de la sociedad global es el que contiene la violencia en este doble sentido. El capitalismo global contiene y limita la violencia mediante la competitividad regulada y la producción pletórica de artículos de consumo.

Como este autor muestra en su libro El sacrificio y la envidia, los consumidores no luchan a muerte por los mismos productos, ya que las empresas producen una cantidad ingente de productos. La abundancia de artículos de consumo acaba con la escasez que empuja a los hombres a competir por el mismo objeto en la lucha por la vida. La abundancia de bienes producidos hace que nadie necesite pelear por adquirir esos productos. El problema se traslada más bien hacia la competitividad por alcanzar los puestos de trabajo que posibilitan esta capacidad adquisitiva y de consumo, puesto que son más limitados. Sin embargo, esta lucha violenta por el puesto de trabajo tampoco ha originado violencias incontrolables en la sociedad, gracias a la creación del estado de bienestar, el keynesianismo social, la paga de desempleo, que permite consumir a un nivel excedentario, casi de lujo, aun cuando el sujeto esté desempleado, etc.

De esta manera, concluimos que el Estado de Bienestar ha sido el katechon de la violencia capitalista desde la II Guera Mundial hasta la caída de la URSS.

Efectivamente, este Estado de Bienestar surge de la influencia histórica de la plataforma geopolítica de la URSS. Para evitar la extensión del comunismo soviético marxista-leninista las democracias occidentales tuvieron que renunciar al capitalismo liberal estricto y potenciar la vía intermedia, o tercera vía, de la socialdemocracia oriunda de la República de Weimar. Lo propio cabe decir del New Deal norteamericano.

El estado de bienestar como modalidad eurocomunista, o socialdemócrata, surgió para contener la expansión de la URSS. Pero el estado de Bienestar no surgió de la buena voluntad de los políticos europeos, sino de una táctica de preservar esos países de la amenaza que la URSS suponía para esos mismos países. La URSS poseía una masa histórica considerable capaz de ejercer influencias y cambios en la plataforma capitalista de naturaleza calvinista cuyos centros de poder eran el floreciente imperio norteamericano de los EEUU y los restos del imperio británico y su Commonwealth.

En este sentido, la URSS contuvo durante su existencia la violencia capitalista. Por tanto se puede decir que la URSS fue el katechon del imperialismo protestante capitalista durante casi un siglo. Y el Estado de Bienestar europeo el katechon tanto de la URSS como del capitalismo liberal salvaje. Karl Scmitt afirmó que los EEUU y Churchill fueron el katechon durante la II Guerra Mundial frente al nazismo. Durante la posguerra consideraba que este papel lo siguieron ejerciendo estas plataformas protestantes.

Pero Schmitt no vivió lo suficiente para asistir al desarrollo pujante de estas plataformas capitalistas que a través de la carrera de armamentos, la Guerra de la Galaxias y la guerra fría, derrotaron a la URSS. En 1991 la URSS se disolvió, y con ella la última fuerza con alcance histórico-secular capaz de contener la violencia capitalista de corte liberal-protestante.

El capitalismo postindustrial venció a la URSS. Con su caída este capitalismo ha desmantelado en sólo 20 años las instituciones del Estado de Bienestar que convertían a Europa en un oasis laboral: jornada laboral de 8 horas de trabajo diarias, paga de desempleo asegurada, seguridad social, vacaciones pagadas, clase media pujante y solvente, etc. La actual crisis económica es un ciclo inflaccionario más del sistema capitalista que ya no tiene la URSS como dique de contención. Y este ciclo inflaccionario  está acabando con el Estado de Bienestar que limitaba la violencia feroz de todos contra todos propia del mercado capitalista en estado puro. Sólo hay que entrar en youtube y visionar las manifestaciones de Grecia para darse cuenta de ello.

Sin embargo, el motor que marca el ritmo mundial de producción ya no son sólo los EEUU sino el bloque asiático, especialmente China y la India. Este ritmo tecno-económico capitalista se extiende por todo el mundo en un proceso de aceleración enloquecido cuya correa de transmisión tiene su eje de alimentación en los ritmos productivos chinos: el obrero chino trabaja 16 horas diarias, tiene el camastro en el taller, duerme 7 horas y retoma el trabajo sin solución de continuidad y sólo tienen 2 días de vacaciones al año.

La agresividad y la violencia de este ritmo tecno-económico de capitalismo en estado puro esta´barriendo literalmente los modos comunitarios de vida que nos hacen humanos: con mayor intensidad en China, pero no con menos virulencia en los EEUU.

El sistema capitalista postindustrial barre totalmente las estructuras de parentesco y comunidad. Amenaza lo humano, lo pone en peligro de extinción. Y lo sustituye por el individualismo feroz y la razón instrumental.  Ya no hay tiempo más que para producir. Se disuelven los vínculos comunitarios: uno ya no es padre de tal o cual hijo, ni esposo de no sé quién, ni hijo de fulano ni de mengana, ni pertenece a tal estirpe o tal saga o a tal clan. No hay tiempo para cultivar este tipo de relaciones familiares amplias. En la sociedad rural y pre-industrial los ritmos económicos se subordinaban a los ritmos comunitarios de convivencia familiar: se vivía con los abuelos, la crianza se realizaba con los primos, los vecinos y amigos eran como de la familia, algunos quedaban vinculados cuasi-sanguíneamente a través de la figura de los padrinos o los compadres y comadres. Los maestros eran los segundos padres, los tíos tenían voz y voto en cada una de las casas del núcleo familiar cuyo centro eran los abuelos.

Estas estructuras comunitarias, que definen al ser humano, son disueltas progresivamente por la violencia agresiva y descontrolada del mercado capitalista allí donde no encuentra su limitación histórica del katechon: jornadas de trabajo de 50 horas de trabajo semanal, movilidad laboral absoluta, desaparición del domingo como día de descanso a través de la liberalización de horarios, salarios bajos que obligan a trabajar a ambos cónyuges que apenas coinciden en la casa por la flexibilidad laboral de horarios, etc, etc. En esto coinciden el Manchester del siglo XIX y el Nueva York del siglo XXI.

El capitalismo postindustrial actual no tiene su katechon. Nada limita con fuerza al capitalismo postsoviético cuyos motores son el bloque chino y el bloque capitalista de tradición anglo-protestante, así como su filial franco-alemana en Europa.

Ningún bloque geopolítico actual tiene fuerza para detener estas plataformas que movilizan el mundo y determinan sus ritmos destruyedo las estructuras comunitarias a su paso.

Iniciativas como la huelga general convocada para el próximo 29 de marzo son inútiles, no sirven de nada; están además fuera de la realidad: siguen anclados en esquemas previos a la caída de la URSS. No se dan cuenta de la consecuencia tan enorme que ha tenido la caída de la URSS. El katechon que mantenía a raya la violencia capitalista mediante la violencia soviética ha caído, ya no existe. Ahora la violencia liberal con todo sus efectos (nihilismo, desocialización de lo social, disolución de los referentes educativos y de autoridad, etc.) campan a sus anchas y el izquierdismo es más un reconocimiento de una impotencia y una ignorancia supina que una muestra de poder y sabiduría.

El único bloque que podría mantener a raya la violencia capitalista sería aquel que mantuviera a salvo las tradiciones que, precisamente, el capitalismo liberal hace peligrar: como las estructuras comunitarias, las leyes de parentesco y los vínculos familiares intergeneracionales. Este bloque para ejercer de límite, o katechon contra la violencia capitalista, debería ser también un bloque ajeno a las tradiciones protestantes y maoístas.

Por tanto este bloque sólo podría dominar al capital si fuera enemigo de la contracultura y los movimientos antisistema surgidos del conflicto chino-soviético (revolución sexal y cultural, antipsiquiatría, muerte de la familia, eclipse del padre, posmodernidad, etc.), por cuanto son estelas el maoísmo chino que actualmente es el motor del mercado capitalista: Thatcher y Mao van de la mano. Y para muestra remito a la campaña publicitaria de Loewe para el año 2012-2013, o al libro Rebelarse Vende de Joseph Heath y Andrew Potter (2004).

Para ejercer de katechon contra el capitalismo este bloque geopolítico deberá además ser incompatible con el individualismo e irracionalismo emotivista protestante, donde coinciden EEUU, Alemania e Inglaterra.

Este bloque sólo puede ser el bloque de la hispanidad, las naciones  de área hispanoamericana, de tradición cultural católica y mayoritariamente hispano-hablantes.

Sólo esta plataforma hispana tendría suficiente potencia para contener el capitalismo salvaje liberal, por sus características demográficas (400 millones de almas), lingüísticas (el español como tercer lengua más usada en internet en 2010 con 154 millones de usuarios), históricas (la historia común de cuatro siglos) y por su esencia católica, comunitaria, incompatible con los usos individualistas del mercado capitalista de corte calvinista.

Sólo este bloque está ya unido por la lengua y la cultura, comparte estructuras sociales fuertemente comunitarias, y posee instituciones políticas o económicas consolidadas (OEA, Mercosur, CELAC, ALBA).

Además, las diferentes naciones de esta plataforma geopolítica están vinculadas en su totalidad por la institución metapolítica de la Iglesia católico-romana a través de la sucesión apostólica de los obispos en las diferentes diócesis hispanoamericanas, lo que asegura la perpetuación de estas estructuras comunitarias mediante el munus docendi eclesiástico y su labor pastoral intensa y ampliamente extendida por toda la masa social. La unidad de estos obispos se robustece además gracias a la CELAM, y el Documento de Aparecida.

A ellos nos dirigimos usando el viejo lema marxista: hispanos de todas las naciones católicas del mundo, uníos.

El enemigo común es terrible y hay que contenerlo ya, antes de que acabe con todo lo que define lo humano desde sus orígenes. Sólo entonces el capitalismo posindustrial tendrá su katechon, tan necesario y urgente, que actualmente no posee.

Las medidas de izquierdismo situacionista y trotskismo barato contra el capitalismo actual son ridículas. Su entrismo ideológico en los mass-media (La Sexta), la huelga general de los sindicatos mayoritarios para el 29 de marzo y su “revolución permanente” (los indignados, 15-M) son como querer detener tanques lanzándoles alfileres.

¡Católicos de todas las naciones hispanas de la tierra, uníos!

Uníos para controlar con firmeza esta hidra de violencia inhumana y voraz que es el capitalismo postindustrial que nos está llevando a la catástrofe antropológica más grave de la historia desde la caída del Imperio romano.

A ti remitimos la justicia, ¡Ven Señor, Jesús!

Anuncios

Kony 2012 debe morir. Breve análisis de un fenómeno global desde la teoría mimética.

Por David Atienza de Frutos, 15 de marzo de 2012

Hace unos días un lector de nuestro blog nos llamaba la atención sobre un video que es sus palabras “se ha hecho viral” y, por lo tanto, contagioso, y así es. Es el video que promociona una campaña internacional para llevar ante la justicia a un criminal de guerra ugandés, Kony. Antes de analizar este fenómeno permítanme protegerme, pues cuando uno se acerca a lo sagrado le puede salpicar la sangre y puede quedar contaminado por el mal asociado a la víctima y alcanzar su mismo destino de una manera real o simbólica. Por esto, debo decir que no trato de defeder o juzgar al susodicho Kony, ni mucho menos, sino que estoy interesado en el fenómeno “Kony 2012” desde un punto de vista antropológico. Dicho esto les invito a ver el video en cuestión que es, sin duda, muy interesante:

Versión subtitulada.

Para aquellos que estén familiarizados con la teoría mimética girardiana rápidamente entenderán los mecanismos sacrificiales que se ocultan tras el proceso y considero que apenas es necesario describirlo, pero en este caso se manifiesta de una forma tan “pura” que estoy casi seguro que al terminar de ver el video usted también, como yo, tiene claro que Kony debe morir o, al menos, ser procesado por un tribunal y después morir o terminar sus días en una prisión donde sin duda le van a matar. Este mecanismo sacrificial es tan antiguo como la humanidad misma, pero creo que en el caso Kony 2012 existen algunos elementos novedosos muy interesantes.

En primer lugar, es un movimiento global difundido por internet que se ha gestado en las redes sociales mas populares. Su “globalidad” indica, desde mi punto de vista, un salto inesperado del mecanismo sacrificial hacia lo transcultural y trans-político. Parece que todavía es posible seleccionar víctimas que dispongan de un potencial tan alto que puedan generar paz entre rivales transculturales algo que no sucedía posiblemente desde el final de la II Guerra Mundial y que duró poco por motivos innatos al propio mecanismo.

En segundo lugar, para que esto suceda, el mal asociado a la víctima, el crimen perpetrado, debe ser inmenso, acorde a la magnitud de las tensiones que debe exorcizar y de las fracturas que se deben recomponer hoy en día. Kony es un monstruo, ha perdido su humanidad y sus víctimas se cuentan por millares. No solo la cantidad es relevante sino que las víctimas son en su mayoría niños y niñas a los que ha sometido a vejaciones terribles y a los que a maltratado, violado, forzado a matar y asesinado robándoles cualquier atisbo de inocencia y de esperanza que les pudiera quedar.

Por último, el fenómeno Kony 2012, manifiesta abiertamente que el mecanismo sacrificial todavía está vigente y funciona. Las masas indiferenciadas (trans-políticas y trans-culturales), todos contra uno, se están formando y confluirán el día en que Kony sea capturado y, si da tiempo antes de que sea linchado, procesado. Ese día nuevas instituciones o contenidos culturales serán instituidos liberando a los participantes de su propia violencia.

El video anuncia un cambio en el mundo que sin embargo será más de lo mismo, un mundo que no puede deshacerse de la violencia más que a través de la violencia. La globalidad del fenómeno, potenciado por el uso de la tecnología de la comunicación, sólo nos podría dar una prorroga cuando parecía que partido se iba a acabar, pero no deja de ser un mecanismo bien conocido y usado por el hombre pero oculto desde la fundación del mundo.

De Fallas, manifestaciones, parlamentos y otras realidades miméticas.

Por David García-Ramos Gallego, 11 de marzo de 2012.

Uno puede preguntarse qué ha pasado con el movimiento iniciado en el Luis Vives en Valencia casi no hace ni un mes. Pues bien, nada. O, más bien, lo que le sucede a todo movimiento o dinámica, a todo «aparente» caos: las aguas vuelven a su cauce. Lo interesante es comprobar qué ingeniería social ha devuelto esas aguas y a qué cauce. Y el caso es que, con sorpresa, a pesar de que desde una perspectiva girardiana pareciera inevitable, comprobamos que las aguas vuelven al río de la fiesta. No una fiesta cualquiera, sino una fiesta claramente sacrificial. Me refiero, ya lo habrán adivinado, a las Fallas.

Para un madrileño que vive en Valencia –como es el caso– las Fallas constituyen un ejemplo vivo de un folklore que en muchos sentidos se está perdiendo en nuestra aldea global –no en vano han iniciado su carrera para obtener el título de patrimonio de la humanidad–.  Ver cómo una de las ciudades más grandes de España se paraliza durante una semana entera –desde al menos el día 8 de marzo ya hay calles cortadas–, cómo las masas se reúnen en lugares comunes, como acuden gentes de todas partes a la gran quema de los ídolos, anunciada cada mediodía por una mascletá de pólvora y ruido –símbolo puro de la violencia real de las armas, pólvora sin balas– hasta el paroxismo de la noche del 19 de marzo. Esa noche casi todos los ninots y las enormes reproducciones de personajes y figuras públicas, satirizados –la víctima culpable– son quemados y la fallera mayor de cada falla llora por la quema, llora por la víctima.

Monumento en el momento de la cremá (fuente: Wikimedia Commons)

Al conocedor de la obra de René Girard no le resultarán ajenos estos movimientos. El profesor de la Universidad de Valencia, Xavier Costa, en su estudio sobre la fiesta, afirma que las fallas, cada uno de los casales, de las pequeñas –o grandes– asociaciones falleras, funcionan como mecanismos de regulación social o de sociabilidad: el extranjero, por ejemplo, se mimetizará con el entorno formando parte de una falla. El sociólogo valenciano habla, además, del carácter crítico y satírico de la fiesta fallera. La fiesta fallera tiene una función socializadora, creando un ámbito público de crítica. «El punto de referencia más obvio de esta esfera pública festiva es la sátira crítica del monumento o del pasacalle». Es decir, que el monumento que será en unos días pasto de las llamas funciona como chivo expiatorio de la sociedad.

En las fallas nadie es extranjero, las clases se mezclan. El uso de la prenda tradicional iguala a los pobres con los ricos –aunque es evidente que ya en la elección de las telas juega un papel determinante la capacidad adquisitiva, los esfuerzos realizados por muchos falleros para aparentar a través de la vestimenta son enormes–, las procesiones y desfiles se suceden, cada falla trata de marcar la diferencia, pero, como siempre sucede en estos casos, todos tienden a parecerse cada vez más. Cada falla compite por tener la iluminación más fastuosa, el monumento más grande, por hacer la mejor paella, plantar el casal de mayores dimensiones o, simplemente, disfrutar más que los demás. Semejante frenesí que se repite año tras año tenía que ocultar necesariamente ese otro frenesí que han supuesto las manifestaciones y todo el movimiento de la #primaveravalenciana.

No obstante, la #primaveravalenciana se ha reinventado como #intifalla. Desde que comenzaron las protestas en 2010 y a lo largo de 2011, hemos asistido a un efecto dominó. Como ya demostramos en su momento, dicho proceso tenía como base el mimetismo: la imitación de los unos y los otros, del individuo hasta la masa, y luego de masa en masa. De modo que en Occidente el modelo árabe/norte-africano se ha copiado hasta en los más mínimos detalles: el uso de las redes sociales, las acampadas, la toma de espacios significativos, e incluso los nombres. Llamar a un movimiento #intifalla, juego obvio con la intifada es un gesto despreocupado de imitación que, o bien parte del desconocimiento de lo que supone una intifada –en tanto gesto puramente religioso–, o bien lo asume como tal, secularizándolo. En cualquier caso, si lo único que quedaba por imitar era la violencia con la que se produjeron las protestas en el Norte de África y en Oriente Próximo, ya estamos a un paso de lograrlo.

Menos mal que, en Valencia, las fallas están por encima de todo. Unifican hasta lo inconfesable: hasta la pérdida de ideologías, de posturas revolucionarias y de indignaciones de todo pelaje. O casi: las falleras mayores de años anteriores emitieron un comunicado en el que se mostraban «indignadas» por las protestas en la plaza del Ayuntamiento de Valencia durante las mascletàs. Así, al final, la fiesta prevalece, y con ella la unidad sobre la división. Otra cosa discutible es a qué precio se paga la unidad. Pero eso daría para otra entrada.

Como también daría para otra entrada una propuesta interesante: considerar el juego de las democracias parlamentarias hoy como una suerte de estructura fallera cuyos monumentos han de ser quemados de tanto en tanto, indultando a este o a aquel político. Pero me temo que son muchos los indultados y pocos los quemados, por ahora. Aunque ya se han ido produciendo quemas públicas de ninots. Dios no quiera que lleguemos a la quema de todo el monumento, algo que algunos personajes indignados parecen desear, pero que no llevaría a ningún lugar más que a un caos del que difícilmente podríamos salir. La democracia parlamentaria es nuestra última protección ante la violencia absoluta. Como la fiesta fallera ante la descomposición social. Por eso, a pesar de las convicciones que puedan tenerse –son las dos y media de la madrugada y la música se cuela a un volumen de discoteca a través de las persianas echadas y las ventanas aislantes–, debemos defender, por ahora en esta espera de la parusía, una y otra como mecanismoa que nos preservan de nuestra propia violencia de forma muy efectiva.

La #intifalla ha terminado antes de haber comenzado. Los ciudadanos indignados porque las manifestaciones de indignados cortaban las calles al tráfico pueden respirar tranquilos: disfrutan ahora de una ciudad completamente paralizada, pero sin una pizca de indignación. Y los indignados, mimetizados con el resto de celebrantes, podrán esperar a aguar la Pascua con nuevas manifestaciones. Para entonces todos habremos sido «indultados».

Por cierto, del pobre San José, como de costumbre, casi nadie se acuerda. El próximo lunes celebramos la fiesta del padre retirado, de esa sombra del Padre, de ese santo que se aparta, literalmente, para que Dios se encarne. Esa sí que es una buena falla y el mejor de los parlamentos.

La “violencia estructural” de Gallardón y la “violencia de género”

Por David Atienza de Frutos, 8 de marzo de 2012

Las últimas tres semanas he estado de baja por paternidad y he podido, entre pañales, llantos y noches sin dormir (más mi mujer que yo), terminar de leer el último libro de Girard: Achever Clausewitz (Battling to the End). Es un libro apocalíptico en su sentido más racional, donde Girard aplica la teoría mimética a los movimientos históricos de los siglos XIX y XX, principalmente a través del análisis del famoso tratado de Clausewitz, On War. Lo interesante es que según leía el libro me venía a la cabeza, quizás por mi estado “paternal”, el evidente juego de roles que definitivamente debíamos asumir mi mujer y yo durante las primeras semanas de vida del niño.

Hoy, en el periódico, encontraba la polémica entre Gallardón (PP) y Ángeles Álvarez (PSOE) en la que el primero hablaba de la existencia de una “violencia estructural” que disminuye o atenta contra el derecho a la mujer a ser madre favoreciendo el aborto; y la segunda le acusaba de atentar contra un derecho inalienable de la mujer, el aborto, que se debe instaurar más allá de las condiciones concretas socio-económicas de la mujer. ¿Qué esta pasando? ¿Por qué la violencia “de género” cada vez se intensifica más y más? ¿Se debe a las estructuras? ¿Pueden los políticos salvarnos de este doloroso enfrentamiento legislando?

Girard muestra en su libro que la escalada violenta de los últimos siglos hacia los extremos, y la aceleración de la historia que todos percibimos, esta alcanzado un cenit donde los oponentes cada vez se parecen más el uno al otro. Esta gemelitud manifiesta ser el punto álgido del proceso indiferenciador que desata una violencia cada vez menos controlable, ya que su “imperio [el de la violencia] ha sido privado del mecanismo sacrificial, y es incapaz ya de establecer el reino del orden [de la diferencia] si no es a través de la escalada violenta. Necesitará más y más víctimas para crear un orden cada vez más precario”.

Según Girard, quien ha privado al ser humano del mecanismo sacrificial es Cristo, quien ha sacado a la luz el origen violento de toda religión arcaica y por lo tanto de todas las instituciones que esta ha generado. En un proceso in crescendo los sacrificios han ido perdiendo su fuerza generadora de orden y sólo nos queda el enfrentamiento. Ambos lados luchan con uñas y dientes por la paz, pero tal y como afirma Clausewich, y Girard subraya, the attacker wants peace but the defender wants war, lo que nos lleva a una situación paradójica, donde toda defensa por la paz se convierte en una agresión. Permítanme que cite aquí uno de sus párrafos:

“This is a perfect example of what I call misapprehension. The more I want peace, in other words, the more I want to conquer, then the more I seek to assert my difference, and the more I prepare a war that I will not control but that will control me instead”.

Si trasladamos este movimiento que Girard aplica a la historia, a los conflictos “de género”, encontramos escalofriantes paralelos. Pongamos que la escalada violenta que lleva a la destrucción mutua de los contrarios se manifiesta: en un aumento progresivo de la indiferenciación entre los contrarios, en una perdida de poder de las instituciones para controlar la violencia, y en el crecimiento de la tensión y de las actitudes defensivas. Si consideramos estos factores como marcadores válidos para prever una escalada violenta que puede llegar a ser incontrolable, podemos ver primero, como hoy la diferencia entre varón y mujer es cada vez mas difusa, objetivo a su vez de la teoría de género tal y como ya comenté con anterioridad. En segundo lugar, vemos como desaparecen las instituciones que tradicionalmente regulaban las relaciones entre varones y mujeres como el matrimonio y, por lo tanto, las leyes de parentesco o la familia. Del mismo modo, nuevas instituciones se han manifestado casi inútiles, como el efímero Ministerio de Igualdad. Por último, vemos como los discurso del uno y del otro son siempre provocados por un ataque previo, son defensivos. Si les parece valido mi breve y superficial análisis, ¿qué podemos hacer para evitar la escalada violenta que vivimos en el seno de nuestras casas, de nuestra familias, de nuestras mas íntimas relaciones?

Perdone que les contradiga pero no, señor Gallardón. La violencia que sufrimos no es estructural, sino que tiene un origen mimético y, por lo tanto, modificar las estructuras no acabará con ella. Y no, señora Álvarez. La violencia que la mujer ha sufrido y sufre no se acabará usando violencia contra los no nacidos o contra los hombres violentos, sea cual sea el estatus socio-económico del que la use. Solo existe una alternativa: La imitación de Cristo. O renunciamos totalmente a todo tipo de violencia, incluida la defensiva, o la violencia nos devorará a todos. Y si no, tiempo al tiempo.