Majestad Rey D. Juan Carlos, creo en su inocencia

Por Ángel J. Barahona Plaza, 20 de abril de 2012

Los reyes sagrados.

¿Por qué la monarquía y lo sagrado están tan íntimamente unidos?

A lo largo de la historia los reyes han cumplido una función inequívoca; no han sido tanto los protagonistas de un poder absoluto, como los chivos expiatorios preparados para pagar por todos cuando vienen mal dadas. Su carácter representativo, su cabeza coronada, su  -a veces -inutilidad manifiesta e irrisoria, su papel aglutinador de todas las miradas, los señala como los más aptos para el sacrificio, para el Linchamiento público. Cuando Francia tiembla por el hambre o la peste, si ya no hay judíos, hay reyes. Una cadena de escudos o parapetos salvadores van cayendo, pero acaban siempre en el final.

Los faraones eran hijos del mismísimo Ra. Se suponía que el dios Ptah había instalado a los faraones en el trono. La coronación se efectuaba en Menfis, con ritual presidido por Ptah que incluía la afirmación de que los faraones salían del cuerpo del dios sol (Ra),y que al morir volvían a ser otro dios (Osiris).

En Grecia también la monarquía tenía un origen sagrado. Minos fue considerado rey divino, hijo de Zeus y de Europa, hija ésta de Agenor, rey de Tiro, a la que Zeus raptó y llevó a Creta bajo la figura de un toro. Minos se casó con Pasifae, hija del dios solar Helios.

Los primeros Grandes reyes irlandeses eran considerados sagrados. En los relatos legendarios un rey es un rey porque se casa con la diosa de la soberanía, está libre de defectos, cumple la prerrogativa y evita los tabús simbólicos: el incesto y el parricidio. Durante varios siglos, el título de Gran rey era meramente honorífico, luego con el tiempo fue adquiriendo una notoriedad legal y de poder.

Los reyes mayas personificaban a los dioses del maíz y del cacao, así como al Dios Ave, vistiendo accesorios con atributos simbólicos, como tocados y coronas de plumas y pesados collares, pecheras, cinturones y orejeras de jade.

Susan Gillepsie (1989, 1993) ha asumido que la sociedad mexica o azteca era gobernada por reyes sagrados. La realeza sagrada es una forma de organización social muy común en todas las partes del mundo, desde la antigua India hasta la Oceanía y África contemporánea, y ha dado lugar a teorías antropológicas de gran interés. La realeza sagrada debe ser vista como una forma de sociedad caracterizada por la mezcla inextricable entre lo político y lo religioso. Un personaje especial –rey- tiene el poder de garantizar la fertilidad y la riqueza del grupo social por su naturaleza de origen sagrado.

En el entorno cultural judaico los reyes nunca fueron considerados divinos, o sagrados, hubiera sido considerado una idolatría, un atentado contra la dignidad de un YHVH único, y celoso de su singularidad.

La antropóloga Miranda Green relata como la víctima sacrificial seleccionada para el rito del equinoccio era tratada como Rey hasta un año antes del sacrificio. Podía disfrutar de todo los bienes de la tribu y abusar de su poder real: la mejor comida y ropa, realizar actos sexuales con quien él quisiera…  tal vez como incentivo para voluntarios de alto estatus social: como resultado de la creencia que víctimas de alto estatus eran más valiosas que las de bajo estatus. Esta creencia hace quela víctima preferible se un rey, para maximizar la magia del sacrificio.

En el siglo XIX, James Frazer,  –The Golden Bough es el primer tratado  importante de mitología comparativa,-  fue el primero en sugerir que los mitos escondían una función social. El libro contiene el relato del sacrifico del Rey Swazi.  El asesinato del rey era una costumbre difundida, figura sagrada personificación de un dios, cuyas cualidades personales estaban intrínsecamente relacionadas con territorio que gobernaba.

(…) La vida del rey o su espíritu está tan unidos a la prosperidad de la nación entera, que si él enfermaba o se volvía senil, el ganado podría enfermar o dejar de reproducirse, las cosechas no se darían, y los hombres morirían de alguna enfermedad contagiosa. Por tanto, en su opinión, la única forma de prevenir estas calamidades era matar al Rey cuando todavía estaba sano y fuerte, de modo que el espíritu divino que había heredado de sus predecesores se transmitiera a su sucesor mientras estaba en pleno vigor y no había sido, todavía, dañado por la debilidad de la enfermedad y la vejez.

Algunos Reyes sagrados eran sacrificados después de cierto período de tiempo (siete años) otros eran reservados para fiestas señaladas anuales, relacionadas con ritos de solsticio o primaverales.  Algunos Reyes sagrados eran efigies o animales, de modo que no se tuviera que matar a ningún humano. El espíritu del rey sacrificado renacía entonces en la fertilidad de las plantas y los granos. El propio Frazer reconocía en el héroe griego Adonis, o en el Egipcio Orus, estas mismas cualidades.  Esto fue motivo de controversia porque la arbitraria violencia en el origen del precario orden social escandaliza a los ingenuos antropólogos políticamente correctos que salen de nuestras universidades.

Este rey nombrado por una semana para violar todos los tabúes y luego poder ser sacrificado sin escrúpulos por la comunidad, herida pos sus abusos, y que con su muerte sacrificial  restituía el orden jerárquico alterado,  el retorno a las cosas como estaban antes de que fuera nombrado rey… no es un reducto de un mundo mítico para nosotros extraño…

Los grandes regicidios de la historia están ahí para demostrar que esta costumbre es bárbara pero no tan bárbara… De hecho hoy sigue siendo igual de potente simbólicamente para los sofisticados tecnócratas europeos y americanos, y para los nuevos y burdos bárbaros fundamentalistas islámicos. La nobleza o la presidencia electa, son sustitutivos democráticos, de la misma historia ancestral. Ben Laden o Saddam Hussein, Gadafi, o Kennedy… no difieren mucho de Luis XVI. Nos dificulta comprender esto, la arbitrariedad de la elección de un hombre ordinario para ser rey por una semana, el hecho de que a estos últimos los consideramos culpables de algo…  pero mirando un poco más lejos, casi los hemos encumbrado nosotros para destinarlos al sacrificio tarde o temprano. Ya no sujetos a las ciclos de la naturaleza, lejos ya de nuestro humus urbanita, sino a los ciclos de la historia.

El carácter sagrado de estos reyes, reyezuelos y sátrapas de todo pelaje son sagrados porque sus abusos pueden ser la escusa para lincharlos y sacrificarlos –por haber alterado el orden, la jerarquía el equilibrio de las cosas, incestos y parricidios, son indistinguibles de cacerías escandalosas, delitos sexuales, abusos de poder, amenazas nucleares -;  y porque su muerte fue reparadora del caos o explicativa de la crisis que padecíamos, porque nos trajo la euforia, la paz momentánea, puso las cosas en su sitio.

Nadie percibe en la humildad de Juan Carlos el reconocimiento explícito de su condición de Rey Swazi, de rey Sagrado, que implora no se le linche en este año…  La promesa de que no se repetirá es la conciencia de que ahora no, pero habrá otros intentos de desahogar sobre él la ira que pulula entre los rivales. La izquierda radical aprovecha para la exhibición de su simetría rival… la derecha, no entra al trapo, pero está ahí en estado de contención. Pero si vinieran mal dadas el Rey sería también su chivo expiatorio.  Como el entrenador es el primer escudo del presidente de un club a punto de hundirse. Su figura simbólica todavía lo hace más significativo. Na vale para nada, más que para lo que es concebido: para ser la víctima ideal, expiatoria, indefensa. Porque el es el único que pertenece a esa rara especie de los elegidos por los dioses para ser sus representantes: Orus, Apis, Adonis, Dioniso, Swazi … qué más da el nombre. Su institución es la piñata que hay que destrozar, el muñeco de paja,  el ciripote, el güegüense, el que paga los platos, el cabeza de turco, el chivo expiatorio. ¿Hizo algo inconveniente? Sí, pero qué más da, sólo dejó en evidencia la hipocresía de una sociedad mentirosa que busca un títere de paja para golpear y hacer la catarsis periódica que nos desahoga…y sentirnos luego justificados de nuestras miserias, de ser más justos, equitativos, más solidarios, porque hemos desviado la señal a los depredadores y se lo han creído, que él era más culpable que nosotros. Fuenteovejuna se cree legitimada par amatar, porque se cree mejor que el comendador.

Querido Rey Juan Carlos, desde hoy tiene en mí su más fiel defensor. Su papel es terrible. Su vida es como una hoja de papel al viento. La masa que, como decía Canetti, cuando sale, sale a matar sedienta de sangre, le busca para evacuar sus miserias. Sobre usted se concitan todas las envidias. Yo creo en su inocencia, porque si todos le señalan como culpable es que es inocente, decía Levinas.

La hipocresía no tiene límites…  Después de la sangre, viene más sangre, pero ellos no lo saben, creen que la de usted basta para el holocausto. Se creen justos, no conocen la historia y sus solemnes repeticiones.  Si al Rey de verdad, el único Rey,  no creado por los humanos,  le crucificaron fue porque él  sí dijo la verdad y esta es insoportable para los hijos del príncipe de la mentira. El sabía el final de la historia y no la rehuyó… porque tenía que decirle a usted cuál es su destino. Su humildad no les basta, afilan los dientes, esperan otra, esté preparado majestad.

La violencia del amor

Por Desiderio Parrilla, 10 de abril de 2012

El grupo Xiphias Gladius ha publicado un nuevo libro colectivo titulado: “La violencia del amor”.Participan en el libro autores como Alejandro Llano (universidad de Navarra, UNAV) o el padre Francis X. Hezel, SJ, así como los miembros del equipo investigador responsable de este blog.

El libro puede ser la lectura idónea para el verano.

Editado por la Asociación Bendita María, el libro puede comprarse en este sitio, la página web de la asociación capitaneada por Jorge Santana, que edita también la excepcional Revista Buena Nueva, publicación católica dedicada a la Nueva Evangelización, cuya lectura recomendamos vivamente.

Repito que el libro puede ser la lectura idónea para el verano.

El libro aporta criterios católicos para juzgar el presente histórico de esta sociedad global de Tercer Milenio.

A mí personalmente me regocija comprobar que su publicación coincide con la edición de otro libro hómonimo que recoge los principales escritos de Monseñor Óscar Romero.

Tengo que reconocer que tengo una devoción privada muy grande hacia el Siervo de Dios Óscar Romero. Dejando a la Iglesia el discernimiento sobre su posible martirio, sus milagros y méritos heroicos, tengo constancia de su intercesión misericordiosa a favor de los que aún formamos parte de la Iglesia militante.

Su presencia en mi vida ha sido tan real como la de la Virgen María, Don Giussani, san Juan Pablo II, san Bruno, san Atanasio, santo Tomás de Aquino, el beato Charles de Foucault o santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, por nombrar sólo un puñado de santos que lo son de mi devoción corriente.

“La violencia del amor” es un misterio que no fue entendido ni por el padre Camilo Torres Restrepo ni por Mariano Sánchez Covisa, por citar dos ejemplos coetáneos y complementarios de la violencia pecaminosa de la que Cristo nos redime.

Esta “violencia del amor” es la santidad, el misterio oculto desde los orígenes del mundo, y que en nosotros sólo encuentra imitaciones perversas, remedos que tergiversan este “ágape antinatural”, por ser sobrenatural. Este modo de amar y de vivir el amor no puede alcanzarse al modo pelagiano por la emulación y el esfuerzo, sino sólo ser recibido desde lo alto como una gracia del Espíritu Santo tras un camino de humillación y descendimiento.

Esto a mí me lo han enseñado mis catequistas y los catequistas de mis catequistas… que tuvieron que sufrir la persecución por parte de los susodichos energúmenos, o de sus seguidores.

Qué distancia tan infinita hay entre el padre Pío cuando negaba excepcionalmente la confesión a algún pseudo-penitente cerrando súbitamente la reja con firmeza y los irresponsables curas que repitieron por emulación vanidosa y protérvica la epiqueya extraordinaria y santificadora del padre Pío.

Ay, de nosotros, los hipócritas…

Ciertamente, puede decirse que el demonio es “la mona de Dios”: remeda y tergiversa las acciones santas para obtener el justo contrario de la Voluntad de Dios.

Todos tenemos en la mente casos palmarios de esta perversión satánica de la “violencia del amor” dentro y fuera de la Iglesia. Seguramente la hayamos sufrido o la sigamos cometiendo, con mayor o menor advertencia o voluntariedad. Tal vez ni siquiera queramos salir de esta pecaminosidad. Pero urge la conversión, so pena de quedar excluidos de la salvación de Cristo (Mt 11, 14) .

El padre Romero fue testigo de ese misterio de amar en la dimensión de la cruz, con tal firmeza y violencia que murió a manos de esta misma violencia satánica. La violencia de su amor aún hoy escandaliza, violenta nuestra concupiscencia y despierta la murmuración, la contumelia, la calumnia o la retracción, incluso entre los clérigos y el pueblo de Dios…

Lástima que muchas veces sean los propios energúmenos los que reivindiquen la figura de Monseñor Romero.

Sin ir más lejos, Maximino Cerezo Barredo, CMF (1932) ha sido el artista responsable del cartel a favor de su canonización, autor que despierta en mí una violencia nada santa. Así de pobres somos todos… mas todos debemos ser corregidos… cada uno de su perversión respectiva, claro.

Y es que tras el Concilio Vaticano II hubo quien leyó erróneamente “Gladium et spes”, “espada y esperanza”, en vez de “Gaudium et spes”, “alegría y esperanza”, e inició un error doctrinal sólo comparable a ese otro error que es su imagen especular: la “teología del desarrollo”, o “teología del Atlántico Norte”.

Efectivamente, este error garrafal que es el proyecto de “nueva cristiandad” de Jacques Maritain engendró una pareja de hermanos gemelos y antagónicos. La “nueva cristiandad” es la madre de estos dos hermanos antagonistas: la “teología de la liberación” y la “teología del desarrollismo tecnocrático”. Los primeros se basan en categorías vagamente marxistas; los segundos en la concepción individualista del marginalismo y la escuela liberal austríaca.

Cada uno tiene sus cifras de asesinatos a las espaldas, sus matones, sus torturadores, sus aliados, sus filias y sus fobias, sus departamentos de comunicación y opinión pública…

Ambos son enemigos de la tradición católica tanto en su antropología como en su cosmología o su política, y son los mayores enemigos internos a los que debe enfrentarse actualmente la Iglesia de Cristo, es decir, la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Es una afirmación fuerte. Sin embargo no retiro ni una coma de lo fundamental.

Comprar y leer atentamente este libro les mostrará las razones de esta afirmación tan rotunda.

Pues eso: compren el libro y léanlo.

Recuerden: “La violencia del amor”, Ed. Bendita María, Madrid, 2012.

Post Scriptum: siempre me ha hecho gracia esa errata del Libro de Kells, también conocido como Gran Evangeliario de San Columba, en Mateo 10, 34b. Donde debería poner: “non veni pacem mittere, sed gladium” (no he venido a traer la paz, sino la espada), sin embargo, en el manuscrito se escribió “gaudium” que significa “alegría”; así, la traducción queda: “no he venido a traer la paz, sino la alegría”.

Probable distracción del copista. Pero Dios escribe recto con nuestros renglones torcidos.

Post post scriptum: Lucas 22, 38. Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y Él les dijo: ¡Basta!

El marxismo ha muerto, pero nosotros no lo hemos matado

Por David Atienza de Frutos, 5 de abril de 2012

El 23 de marzo de 2012, Benedicto XVI respondía a las preguntas que los periodistas le hacían en su ya tradicional audiencia “aérea” al inicio de la visita que ha hecho ha México y a Cuba. El Papa afirmaba que “Hoy está claro que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. Porque no tiene respuestas para la construcción de una nueva sociedad. Deben ser encontrados nuevos modelos, con paciencia.”

La falta de respuestas socio-políticas ante la realidad que se impone es un hecho consumado en esta sociedad en la que vivimos. El marxismo ha fracasado, ha muerto, -descanse en paz- y el modelo capitalista se colapsa a pasos forzados –asistiremos también a su funeral-. El mecanismo sacrificial que antes era capaz de generar ideología no tiene ya fuerza, su semen es infértil, desmitificado por la pasión de Jesucristo y parece que no hay manera de engendrar la comunión entre los hombres por vías político-económicas o sacrificiales. Recuerdo que en la película la Ola de Dennis Gansel un joven en una discoteca se queja sobre la falta de ideales mientras que su colega, copita en mano, le decía: qué se puede esperar de un mundo donde lo más buscado en internet es “Paris Hilton”. Nada se genera y nada se espera ya, mas allá de la búsqueda del placer hedonista que es por defecto individualista y, por lo tanto, está vinculado profundamente al deseo mimético por ende engendrador de una violencia que ya apenas se puede contener.

No obstante el marxismo no murió de la noche a la mañana. Sigue agonizando entre estertores de muerte, pero nadie duda de su caducidad inminente. En Cuba el marxismo se muere junto con sus profetas y en China ha mutado hasta generar una nueva especie que ya no es posible reconocer como hija de su padre. En América Latina se ha vestido de indigenismo asumiendo un misticismo de laboratorio que carece realmente de contenido. El pensamiento panandino que divide al mundo entre indígenas y no indígenas, el pachakutec, el giro de la tortilla, se impone como la alternativa mística a la revolución marxista pero sigue siendo apenas un engendro falto de vida propia que debe ser alimentado artificialmente por las subvenciones de las ONGs europeas. En las universidades occidentales el marxismo ha mutado para tratar de sobrevivir de diversas maneras, casi siempre sostenido por los avances físico-matemáticos aplicados a las ciencias sociales, como por ejemplo las teorías de los sistemas complejos no lineales.

El marxismo ha muerto pero, en este caso, nosotros no lo hemos matado, ya que ha muerto de viejo. El límite lógico al sistema, su enfermedad mortal, proviene de la propia dinámica marxista. Todo sistema dialéctico se enfrenta a una paradoja interna pues la disolución-incorporación del contrario en la síntesis no puede más que generar una nueva oposición, lo que condena al sistema a un eterno tiempo cíclico. Los opuestos se necesitan continuamente para pensarse si mismos y la desaparición de uno de ellos implicaría la disolución del opuesto. Esta paradoja es la que ha condenado al marxismo materialista a su desaparición-transformación progresiva, paradoja que también se encuentra latente en los movimientos indigenistas y en los sistemas físico-matemáticos aplicados a las ciencias sociales pues nunca se alcanza la síntesis, las profecías no se cumplen y la gente se aburre y desespera. Pero el problema fundamental, como el Papa comenta, es que el marxismo es una teoría instrumental, que no realista, y que por lo tanto ya no tiene respuestas para el tiempo en que vivimos.

El marxismo es instrumental por que la historia no se configura como una espiral dialéctica ascendente que inevitablemente alcanzara la auto-comprensión sintética de si-misma o el paraíso terrenal, sino que parece más bien, siguiendo a Oughourlian y a Girard, se parece mas a un balancín que sube y baja. Cuando uno esta arriba el otro baja y viceversa, en un ciclo interminable. Lo único que cambia es el paisaje alrededor y la velocidad del balancín incrementando la violencia. Este es el tiempo escatológico en el que vivimos desde la primera venida de Cristo y que no terminará hasta la segunda llegada del Mesías o el advenimiento del Reino. El problema entonces no es que no sepamos ni el día ni la hora en que Cristo volverá, el único problema es si cuando llegue ese día habrá Fé sobre la faz de la tierra.