‘Lost in translation’ o el arte de crear Chivos Expiatorios

Por David Atienza de Frutos el 27 de febrero de 2013

Muchos jóvenes Chamorros de Guam tiemblan al oír el nombre de José Quiroga y Losada, el Tirano, prototipo de conquistador español que vino a las Marianas a servir en la guarnición militar durante el establecimiento de la misión en estas islas. Quiroga organizo la heterogénea milicia de cristianos y completó la pacificación y la reducción a pueblos de las islas. Sin duda actuó con disciplina militar como un soldado que era pero también fue un hombre que se dejó guiar por una profunda Fe, una Fe propia de finales del siglo XVII. Los jesuitas coetáneo a él le admiraron y loaron su integridad, misericordia y justicia; sin embargo, los historiadores anglos de hoy le han concedido el titulo de ‘el Tirano’. ¿Cómo es esto posible? Veámos como se re-escribe la historia y sirva de muestra un botón.

En el Reporte Anual jesuita del ano 1684 a 1685 escrito por el Padre Gerardo Bowens encontramos el relato de la revuelta del jefe indígena Yura o Yula de agosto de 1684. Este levantamiento golpeó la misión cuando Quiroga, Sargento Mayor de las tropas en esos años, se encontraba atrapado en la Isla de Saipán que se encuentra aproximadamente a unos 180 kilómetros al norte de Guam, sin poder regresar y pensando que toda la misión de Guam había sido pasada a cuchillo. En un momento del relato el Padre Bowens escribe lo siguiente:

“[Quiroga] Amenazó a la india no hiciese ruido mas ella comenzó a dar voces diciendo que allí estaban los soldados. Pudo el Sargento Mayor hacer en los indios gran destrozo quitando la vida a más de doscientos hombres, que no obstante las voces no acabaron de despertar, pero movido de piedad y con deseo de ejecutar su primer intento [tomar un rehén importante para forzar a los indígenas a llevarles en barcos a la isla de Guam] los perdonó contentándose con llegar a casa de un principal a quien prendió y con el otros cinco.” 

Levesque, un historiador canadiense, bien conocido por su monumental trabajo de traducción al inglés de documentos coloniales españoles sobre las Marianas, tradujo el párrafo previo de la siguiente manera:

“He threaten the Indian woman against making any noise but she started yelling that the soldiers had come; the Sergeant-Mayor cause havoc among the Indians killing more than 200 men, who, notwithstanding the vociferation of his guide, did not wake up; however, moved to pity and wishing to carry into effect his primary object, he pardoned the rest as he reached the house of a chieftain whom arrested together with five others”  (see Levesque Vol.8 p.354)

Sin embargo, la traducción debía haber sido la siguiente:

He [Quiroga] threatened the Chamorro woman not to make any noise, but she started yelling that the soldiers had come. The Sergeant-Mayor could have caused havoc among the local people, killing more than 200 men who, notwithstanding the shouts of his guide, did not wake up; however, moved to pity and wishing to carry into effect his primary object, he pardoned them as he reached the house of a chieftain whom he arrested together with five others.

La diferencia, para los que no lean inglés, es que al final en la traducción inglesa Quiroga mató a mas de 200 hombres mientras dormían, cuando la verdad es que podría haberlo hecho pero les perdonó, tal y como cuenta el padre Bowens en el documento original. El año pasado, otro historiador investigando sobre Quiroga acudió a las fuentes traducidas por Levesque y escribió una breve biografía sobre el ‘Tirano’ que cuelgan en internet en la Guampedia diciendo lo siguiente:

“Upon reaching her village with Quiroga and his force, the woman cried out, leading Quiroga to cause “havoc among the Indians” killing more than 200 men, many apparently while they slept (men, “who not withstanding the vociferation of his guide, did not wake up”).”

La Guampedia es una fuente popular que usan los niños y no tan niños en Guam para hacer sus trabajos e investigaciones, así que mi hija en la escuela descubre que ese español de Galicia, al que loaban los primeros misioneros, era un asesino cobarde.

Este es un breve ejemplo de cómo se ha construido la Leyenda Negra española en las Marianas, pero hay muchos más. Yo no trato aquí de justificar la violencia que en muchos casos  acompañó tristemente a las misiones, sino de comprender como se generan procesos victimarios y se manipula la historia, si es necesario, para ajustarse a los mismos. Ahora mi duda es: ¿Es este un error inconsciente de Levesque o hay una intención clara detrás de esta traducción? En ambos casos queda manifiesto que Quiroga es culpable del mal y de la violencia de un proceso histórico traumático. Ya tenemos un Chivo Expiatorio y gracias a Dios no es hijo de la nueva potencia colonial: EEUU. ¡Qué curioso!

Las cosas ocultas, nº2

Comenzaremos este post, segundo de la serie, pidiendo disculpas. Teníamos la intención de tener una mayor frecuencia. Era una buena intención. Como suele decirse “de buenas intenciones está el mundo lleno”. A René Girard siempre le ha gustado indagar y escuchar las sentencias populares. Hay en ellas, en todo el poderoso remanso de tradiciones orales, una sabiduría hermana de la de los mitos. Barthes en sus Mitologías –un libro que por su estructura, por cierto, parece un blog– define mito, en primer lugar, como habla. Lo que uno dice a otro. No vamos a comentar a Barhes, quede tranquilo el lector. Pero queda ya trazada la conexión entre refranero y mito que cualquier lector atento de Girard considerará provechosa.

Sí nos gustaría, mucho más, hablar de esas “buenas intenciones” que parecen llenar el mundo. En realidad el refrán habla de las buenas intenciones que llenan el infierno frente a las buenas obras que encontramos en el cielo. A aquellos a los que les pareció correcta la primera versión (la que se refiere al mundo y no al infierno), nuestro más sincero pésame: ya han perdido ustedes el hilo de esa tradición oral, y con ella toda su sabiduría. Oyen campanas pero no saben de dónde vienen –no se ofendan, nos contamos entre ustedes–. Aquellos que enseguida han recuperado y reescrito sobre nuestra versión la correcta que habla del infierno y del cielo, ya saben que la tradición está perdida porque muchos toman sus intervenciones tradicionales como rasgo de excentricidad y exotismo. Son ustedes lo otro de estos pobres ignorantes que diría Lévinas. Ya están pasados de moda. Además, hablando del cielo y del infierno, cómo se les ocurre. Trentinos, que son ustedes unos trentinos.

Sin embargo, en el desplazamiento semántico y simbólico que se produce en el paso de una a otra versión –en el paso de infierno a mundo– se potencia una figura que en el original estaba sólo apuntada: la ironía. Quien afirma que “de buenas intenciones está el mundo lleno” ha de afirmarlo con sorna, con ironía, pillando a contrapié a su oponente, perdón, a su interlocutor. Y no solo porque haya de mirar con cinismo este mundo –tanto como para ponerlo en lugar del infierno– sino porque al decirlo está revelando una verdad con más fuerza que si lo dijera a las claras. No otra cosa hace Cervantes que exponer la verdad monda y desnuda al lector, si hemos de creer la lectura del profesor Cesáreo Bandera. Y no en vano es considerado maestro de ironía –maestría que, irónicamente, le ha valido un número elevado de inteligentes “malintérpretes”  de su obra–.

¿Qué nos revela esta frase, este refrán mutilado, este resto de sabiduría oral? Que las buenas intenciones no son más que apariencia. Que esa apariencia es copiada con desidia y sin verdadero interés –pero con cierta apasionada… apariencia de pasión–. Que esa apariencia, esa intención no realizada, es siempre pavoneo entre rivales. Mostramos nuestras buenas intenciones como el pavo muestra su cola multicolor: con la misma finalidad de seducir. Seducir no a nuestro objeto de deseo, sino a nuestro rival. Por eso el mundo está lleno de buenas intenciones: se propagan con una inercia propia del vacío –ya saben ustedes que el éter en el vacío interestelar, no hay resistencia que frene una aceleración constante [esto da para otro post más científico]–, no cuestan nada –un buen amigo decía que hablar era gratis–, pero no tienen ningún peso óntico –o precisamente por eso–.

Mientras que las obras sí que pesan. Son amores. El peso específico del hombre es el peso del amor. Las obras nos exponen a la violencia. Concretan en Vida lo que las intenciones y razones dejan volar, evanescentes, sobre nuestras existencias. Propician la posibilidad del sacrificio. Nos exponen –insistimos–. Si obro concedo al otro la posibilidad de responderme. Si obro, empiezo, comienzo, creo. Obrar y crear son la misma cosa. El hombre al actuar toma condición divina o, más bien, humana, plenamente humana. Y si no que se lo pregunten a los inklings o a Hannah Arendt: el hombre al obrar, definitivamente nace. 

Nos repite últimamente un querido colego eso de “hay que hacer cosas, lo importante es que hagamos cosas”. Es evidente para él y para nosotros que no nos referimos a este afán acreditativo y sexienal –perdón– que corrompe lo que de puro quedaba en la universidad –que, cierto es, no era mucho–. Hacer como perficio, llevar a cabo algo. Sacarlo a la luz decía Miguel Ángel de sus bloques de mármol, fenomenólogo avant la lettre. 

Esta y no otra es la labor de desgaste, de pulido y de desmontaje que ha llevado a cabo René Girard con su obra. Una obra que más que una buena intención tiene la virtud de haber contribuido a la intuición de esas cosas ocultas bajo toda la amalgama de todas nuestras buenas intenciones ocupadas en tapar la verdad. Sabiendo, eso sí, como el Aquinate, que al final de nuestra vita activa nos espera una vita contemplativa: contemplar la verdad, la Vida que nos hemos pasado re-buscando largamente todo ese tiempo. 

* [¿No era esta una serie de noticias sobre la Teoría Mimética? Sí, y pido de nuevo disculpas, anudando así principio y final de este post ya demasiado largo. Atentos al siguiente post, ese sí, lleno de noticias, que haberlas las ha habido]