Duelo al sol en Corea. Una breve nota desde Guam.

Por David Atienza. Guam, 3 de abril de 2013.

Desde hace unas semanas el mundo esta pendiente del duelo de las dos Coreas al estilo del mas puro del Espagueti Western. Los hermanos del norte y del sur se miran a los ojos como Terence Hill y Henry Fonda en Mi nombre es ninguno o Clint Eastwood  y Lee van Cliff en El bueno, el malo y el feo.

Cuando era niño, y todavía hoy, me encantaba ver los duelos del los vaqueros mirándose a los ojos con las manos cerca de las pistolas atentos a cada movimiento del doble, esperando a que el otro sacara primero. Nunca entendí por qué esperaban tanto: ¿quizás sería, pensaba yo, para mantener la tensión dramática y ponernos nerviosos? Pero no, el problema era más serio, pues el primero en desenfundar la pistola sería posiblemente acusado de asesinato y colgado por criminal. Solo se podía matar en defensa propia, es decir, atacar defendiéndose.

En los duelos los dos enemigos se hacen uno, se miran en un espejo convirtiéndose en gemelos. Ya no hay diferencias entre ninguno de los dos y los dos se defienden. Justifican su violencia en la vida, en la justicia, en el honor y en la defensa de la libertad. Al llegar a este nivel de tensión, cualquier movimiento puede ser interpretado como una amenaza y se ralentizan los gestos, se observan los unos a los otros al detalle mientras se hacen conjeturas de lo que significa cada mueca. Ya no hay marcha atrás sino una huida adelante y tal y como defiende Girard –Clausewitz en los Extremos- este aspecto del duelo puede generar una escalada violenta incontrolable que puede arrastrarnos a todos.

Mientras, a los lados de las calles, los pueblerinos observan anonadados a los duelistas ya duales -gemelos-, sin poder abandonar la escena, aún sabiendo que una bala perdida podría matarlos. Sin embargo, la atracción es tan intensa y absoluta que allí se quedan, o quizás es que no tienen a donde ir. Algunos sacarán provecho de los despojos: la funeraria tendrá trabajo, el periodista local escribirá una columna que todos leerán y quizás escriba su primera novela, y el Sheriff justificará su paga, pero todos tendrán algo que contar. Bueno no todos, los que mueran ese día ya no contaran nada más.

En Guam lo vivimos de esta manera. Ya nos han mencionado varias veces como objetivo de las bombas nucleares, pero como los del pueblo que miran el duelo pensando que las balas no les llegaran a ellos, seguimos aquí, sin abandonar la escena. Es seguro que uno de los duelistas morirá si se sacan las pistolas, pero también es seguro que muchos del pueblo también, pues esta vez no son ya balas de revolver, sino cabezas nucleares las que serán desenfundadas. No me preocupa mucho morir de un bombazo nuclear, sobre todo después de la Pascua de Resurrección, pero lo que si me preocupa es el no poder enterarme de quien desenfundo primero. Eso sí, seguro que el que gane la guerra y sobreviva escribirá en sus libros de historia que fue el otro y todos asentiremos.

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