Intervenir o no intervenir (en Siria), esa es la cuestión

 Por David García-Ramos, el 27 de agosto de 2013

Se estaba decidiendo en estos días la posibilidad de intervenir en Siria. Parece que el gobierno del presidente Obama atacará de forma unilateral el ejército sirio por el uso de armas biológicas “tan pronto como este jueves”. Con la ayuda de los británicos y con la ayuda de Francia. Con el veto de Rusia –y China–, la neutralidad de España y la oposición de Alemania. Con el silencio de la UE. Y bajo la mirada impotente de la ONU.

Porque parece claro que la ONU, más allá de certificar si el gobierno de Al-Asad usó armamento químico o no, verá nuevamente devaluado su poder de intervención diplomática.

La cuestión arranca –al menos– en marzo, cuando el régimen de Al Asad denuncia el uso de armas químicas por parte de los rebeldes. Se inicia así un juego de dobles miméticos y acusaciones cruzadas, ante el escaparate internacional que, sin que nadie se lo imponga ha de tomar partido.

Desde ese momento, y teniendo en cuenta la creciente presión internacional, pero sobre todo interna, el gobierno de Obama tiene que responder a la cuestión de la posible intervención militar en Siria. Y la cuestión no es sencilla –como no parece serlo nada en esa breve franja de tierra que en geopolítica han dado en llamar Oriente Próximo–: atacar a Siria supone generar automáticamente una escalada que puede terminar de cualquier manera. Cerca queda Israel. Cerca está Jordania que limita con Turquia. Siria mantiene buenas relaciones con Irán. Rusia y China, en un terrible revival de la Guerra Fría, se oponen a cualquier tipo de intervención. Egipto es ahora mismo un polvorín.

[Y todavía se levantarán voces pidiendo intervenir en Egipto, donde el ejército parece jugar el doble papel de detener a los Hermanos Musulmanes (que están en el origen de Al Qaeda) y de reprimir al pueblo egipcio, que parecía haber logrado la libertad tras el despertar de la primavera árabe –aun a costa de desembocar, como nos temíamos, en una oportunidad para que grupos radicales islamistas pudieran acceder al poder–.]

Damasco presumía de tener armamento ruso; Rusia veta la intervención en Siria temiendo, dicen, que los sucesores de los mismos muyahidines que alentaron a sus pueblos a luchar contra los rusos en Afganistán (pagados y entrenados por los EEUU, eso sí) y contra los norteamericanos en Irak. Se teme, en definitiva, que lleguen al poder radicales y terroristas.

Y los inspectores de la ONU llevan dos o tres días un pasito para delante, un pasito para atrás.

Todo es caos y falta de claridad, confusión e indiferenciación, como en un tohu babohu en el que nada se ha diferenciado todavía.

Podríamos continuar con el análisis y dar nuestra opinión, una más, sobre lo que está pasando: que hay que actuar porque no hay derecho a que un dictador –como Mubarak– haga lo que está haciendo, que lo importante no son las armas químicas –obviando cualquier vía de respeto del derecho internacional–, que hay intereses ocultos –como en Irak– y un muy largo etcétera. Lo que está claro es que la cuestión es intervenir… o no intervenir. Como en un fantasmagórico diálogo con uno mismo, Occidente se cuestiona y presiona, se reprime y se libera, ataca y se defiende. Es nuestro sino.

Lo cierto es en lo que está sucediendo asoma como una explicación válida la teoría mimética de René Girard: están los dobles por doquier (Rusia y EEUU, aun hoy; el gobierno “legítimo” frente a los rebeldes, intercambiándose acusaciones de manera muy simétrica; a Obama se le compara con Bush, a Siria con Irak, las armas químicas con las de destrucción masiva; la ONU y la OTAN; Francia –a favor– y Alemania –en contra–); hay una querencia de la reciprocidad en la respuesta proporcional que se va a dar (casi un ojo por ojo y diente por diente); tenemos una escalada de violencia mimética que ha conducido a una absoluta indiferenciación: no sé sabe con certeza qué es mejor, si dejar que todo siga su curso –con el peligro de una autodestrucción completa, que es el fin último de cualquier guerra civil– o intervenir, y si intervenir, dónde, cómo, por qué, cuándo y quién…

[Quien intervenga en Siria sin el apoyo de la ONU estará fuera de la ley. La restauración de la ley se hace desde fuera de la ley. Toda guerra deja de considerar personas a las personas, porque nos lleva hacia un estado pre-humano. Lo que Agamben dice en Homo sacer en esencia es esto: el homo sacer es el que no tiene dignidad de persona y puede ser sacrificado].

Nadie se atreve a decir lo obvio: hay que intervenir y buscar rápidamente un chivo expiatorio al que linchar que purifique y sacie toda esta violencia. Como en Líbano, como en Egipto, en Tunez, en Libia, colonias de la antigua Roma: hay que matar al César. Si es culpable, como sin duda Bashar Al-Asad lo es, mejor que mejor.

Pero al mismo tiempo, sabemos ya que ya no bastará. Depuesto el régimen, ¿qué régimen lo seguirá? La “thin red line” que Obama quisiera no tener que atravesar y que se está viendo obligado a hacer no es la de una guerra más. Es la del uso de la violencia más allá de cualquier fuerza de control (cf. René Girard Achever Clausewitz). La espera a que el otro actúe parece la espera de Hamlet. Hamlet sabía que si la cosa se le iba de las manos al final moriría hasta el apuntador. Por eso demora hasta el último momento la venganza. Espera a que el otro dé el primer paso. Obama, cual Hamlet, duda, y con razón. No nos quedan opciones, todas son igual de peligrosas, haga lo que haga –y no hacer es hacer algo, ya se sabe– está condenado al fracaso (cf. René Girard, Shakespeare. Los fuegos de la envidia, pp. 346-370).

El gobierno de Obama está actuando ante la gran corte de Occidente. Los que ayer apoyaban la guerra hoy están en contra y viceversa. Se habla de “obscenidad moral” y se quiere justificar esto en un acto moral, ético, por el bien común. Para eso se diseña en el laboratorio una guerra preventiva, una guerra a distancia.

[Esta distancia entre los enemigos daría para otro comentario más: de la guerra de puntillas del siglo XVII hemos pasado a la guerra de drones, desde un cuarto de un gris edificio de oficinas matamos a decenas, a cientos, con solo apretar unos botones… ¡la guerra ya no es lo que era! Ahora consiste en minimizar al máximo los daños, la violencia, minimizar y controlar en la medida de lo posible las fugas de violencia].

No se trata de un acto moral. Es un callejón sin salida. De algún modo, Obama se ve obligado a ello. Va a declarar una guerra que nos es guerra. Una no guerra: este es todo nuestro avance en lo tocante a lo bélico:

“Gracias a nuestros aristarcos más de moda, hoy hemos llegado a la fase en que la historia ya no tiene sentido, el lenguaje y el propio sentido ya no tienen sentido”. (Girard, Shakespeare, p. 369).

Nuestros geopolitólogos y analistas nos han conducido a la guerra que no es guerra (como paso previo tuvimos la guerra preventiva que hoy nadie se atreve a invocar).

Todo este callejón sin salida, o “trato sórdido” como se le ha llamado, al que parecemos abocados, es el pesimismo que se le suele achacar al último Girard. A mí me parece más bien realismo.

La esperanza es otra cosa, claro está.

#Spanishrevolution I o el rostro de la violencia.

Por David García-Ramos Gallego, 18 de mayo de 2012.

Inicio aquí una serie de reflexiones en voz alta sobre las protestas protagonistas de nuestra prensa y de la prensa internacional durante el último año. A raíz del aniversario de las agitaciones del 15M es posible empezar a hacer recuento. Las reflexiones no tratan de declararse a favor o en contra, sino de buscar la verdad oculta tras estos fenómenos. 

La revista TIME publicó en su último número del pasado 2011, como ya es tradición, la que considera persona del año. Hay en esta tradición algo de ritual que no deja de tener su carga religiosa: elegir una cara que venerar, como icono del año que va a morir. El rostro de esa persona del año es noticia durante unos días y luego desaparece. En enero ya estamos pensando en cuál será la figura que adornará la portada del último número del TIME el próximo diciembre. 

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La elección de este año no deja ser curiosa. The Protester, que los medios españoles tradujeron como El manifestante (España, en ocasiones, es una nación de manifiestos, de papel mojado y charla de cafetería…). El que protesta suena mal, El protestante es otra cosa, así que nos quedamos con El manifestante porque tal vez lo de Revolucionario se le queda grande. Revolución en España no ha habido y parece que ahora descubrimos que las aparentes revoluciones en los países de la Primavera Árabe se han ido convirtiendo poco a poco en encubiertos golpes de estado. 

El rostro sin rostro, el rostro de todos y el de nadie, ese rostro desdibujado es el que adorna la portada del semanario norteamericano. Un rostro indiferenciado. Un rostro que es símbolo puro o puro símbolo. Un rostro, en el mejor de los casos, anónimo. Recuerdo que cuando los atentados del 11M en Madrid circulaba una frase, una consigna: «Todos íbamos en ese tren»… Veo que ahora hasta hay una página en Facebook que recoge la expresión. Y añade el número fijo de 191 víctimas, con sus nombres y apellidos. Todos. Nadie. Recuerdo a Ulises ante el Cíclope, diciéndolo que no era nadie (¡que era “nadie”!).

El protester es la víctima por excelencia: víctima de las dictaduras, de la democracia decadente, de la corrupción de los bancos y políticos, la víctima universal de los poderosos. Dentro de lo que Girard denomina el problema moderno de las víctimas, se le ha dado la vuelta a la tortilla, pero para volver a dejar todo cómo estaba. Ya lo decíamos cuando hablábamos de Gadafi, o de los inmolados: al final volvemos a sacrificar al rey, al poderoso, al único diferente de la masa indiferenciada (hasta ahora indiferente). En España ya está pasando: Urdangarín, Camps, Garzón o Pepe Blanco, y el último el rey.

Se objetará, con razón, que sólo se han logrado cambios en la llamada primavera árabe. Creo que esas victorias son relativas: los Hermanos Musulmanes ya quieren instaurar la sharia en todo Egipto, y se presentan a las elecciones del próximo 23M; se trata de una organización islámica que estaba ya en el caldo de cultivo que dio origen a Al-Qaeda, tal y como nos cuenta Lawrence Wright en su excelente La torre elevada. No fueron pocas las voces que advirtieron de una posible islamización del movimiento. Desde occidente, utopistas irredentos, pensamos que no sería así, que esta vez era diferente. Siempre pensamos que esta vez es la última, que esta vez era diferente. Pero la violencia asociada a las protestas, tanto en el mundo islámico como en occidente, las acusaciones cruzadas entre unos y otros grupos, la ambigüedad de las propuestas y soluciones, la disparidad en la composición de los grupos, lejos de la anarchía eucarística que proponen autores como Cavanaugh –en ese tour de force que es lo universal local– conduce inevitablemente al caos indiferenciado de la violencia del todos contra todos. Al final habrá víctimas inmoladas o la aniquilación total.

En España, en USA y en otros países donde la llamada primavera árabe ha tenido algún eco, las cosas han sido algo distintas. “Nadie” convocó, “nadie” aglutinó a la masa y “nadie” fue sacrificado. “Nadie”, en boca de Ulises, era una mentira, un engaño para que el ciego Cíclope viera aún menos. En Occidente además hemos rizado el rizo: hemos sacrificado el vacío. No ha muerto nadie, no se ha derramado sangre, o muy poca –¡que se lo digan a los que la han derramado de todas formas!–, pero todos nos sentimos víctimas con la víctima cuando vemos la policía “repartiendo leña” en la tele. Nos indignamos. No por la violencia en sí, sino porque percibimos que esas víctimas, los protesters, no son nadie, y su sacrificio no vale para nada. Tiene que haber unanimidad de la masa contra uno, y ese uno ha de estar ya marcado: rey, gobernante, gurú, líder, tarado de una forma u otra.

No hay unanimidad, y todo lo que está sucediendo es violencia que no se transfiere. La masa vuelve a casa, descontenta. Enchufa la tele, buscando víctimas de repuesto. Mira a su alrededor, busca víctimas de repuesto. Scott-Heron recitaba aquello de Revolution will not be televised. Así es, así ha sido, aunque parezca todo lo contrario. Se ha televisado todo y no se ha televisado nada.

Lo que no nos imaginábamos es que el sacrificio iba a ser también televisado. Tiempo al tiempo. Linchamientos simbólicos darán paso a linchamientos reales. Ya hemos casi presenciado la muerte de Osama Bin Laden. Los reality shows serán cada vez más violentos, como han imaginado distópicamente ya novelistas como Stephen King en su La larga marcha o EL fugitivo, o recientemente Suzanne Collins en la saga de Los juegos del hambre (hay que dedicarle a esta trilogía un post cuanto antes). 

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Todos miran a la víctima. La revolución no triunfará sin víctimas. Gracias a Dios no las ha habido. Rezo cada día por que no las haya. Pero creo que muchos la están deseando ya. Y ya se sabe que los deseos son contagiosos. 

Cristo y la huelga general del 29 de marzo

Por Desiderio Parrilla, 20 de marzo de 2012

El katechon es un concepto clave de la Revelación evangélica.  Es un término griego que debe pronunciarse katéjon, es el participio presente del verbo katecho (katécho) que significa: retener, agarrar, impedir.

Es el apóstol San Pablo en su segunda carta a los Tesalonicenses, versículos 6 y 7, quien lo utiliza por primera vez como idea de obstáculo, de impedimento, a la venida del Anticristo.

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Veinte siglos después, es el filósofo del derecho y jurista alemán Carl Schmitt (1888-1985) quien en varios trabajos suyos recupera la idea de katechon otorgándole una significación política.

Katechon, por tanto, es aquello que contiene el desbocamiento total de Satanás. René Girard muestra el aspecto antropológico de esta categoría inicialmente teológica: el katechon es lo que mantiene a raya nuestras violencias, de modo que la violencia humana, satánica y sacrificial, se mantiene contenida dentro del control de ciertos límites.

Pero este katechon no es la Iglesia, sino una institución mundana, puesto que contiene la violencia mediante la propia violencia. Mediante una violencia mesurada se impide el desbocamiento violento total.

Para Jean-Pierre Dupuy, un discípulo de René Girard, el katechon actual es el mercado capitalista postindustrial. El mercado capitalista de la sociedad global es el que contiene la violencia en este doble sentido. El capitalismo global contiene y limita la violencia mediante la competitividad regulada y la producción pletórica de artículos de consumo.

Como este autor muestra en su libro El sacrificio y la envidia, los consumidores no luchan a muerte por los mismos productos, ya que las empresas producen una cantidad ingente de productos. La abundancia de artículos de consumo acaba con la escasez que empuja a los hombres a competir por el mismo objeto en la lucha por la vida. La abundancia de bienes producidos hace que nadie necesite pelear por adquirir esos productos. El problema se traslada más bien hacia la competitividad por alcanzar los puestos de trabajo que posibilitan esta capacidad adquisitiva y de consumo, puesto que son más limitados. Sin embargo, esta lucha violenta por el puesto de trabajo tampoco ha originado violencias incontrolables en la sociedad, gracias a la creación del estado de bienestar, el keynesianismo social, la paga de desempleo, que permite consumir a un nivel excedentario, casi de lujo, aun cuando el sujeto esté desempleado, etc.

De esta manera, concluimos que el Estado de Bienestar ha sido el katechon de la violencia capitalista desde la II Guera Mundial hasta la caída de la URSS.

Efectivamente, este Estado de Bienestar surge de la influencia histórica de la plataforma geopolítica de la URSS. Para evitar la extensión del comunismo soviético marxista-leninista las democracias occidentales tuvieron que renunciar al capitalismo liberal estricto y potenciar la vía intermedia, o tercera vía, de la socialdemocracia oriunda de la República de Weimar. Lo propio cabe decir del New Deal norteamericano.

El estado de bienestar como modalidad eurocomunista, o socialdemócrata, surgió para contener la expansión de la URSS. Pero el estado de Bienestar no surgió de la buena voluntad de los políticos europeos, sino de una táctica de preservar esos países de la amenaza que la URSS suponía para esos mismos países. La URSS poseía una masa histórica considerable capaz de ejercer influencias y cambios en la plataforma capitalista de naturaleza calvinista cuyos centros de poder eran el floreciente imperio norteamericano de los EEUU y los restos del imperio británico y su Commonwealth.

En este sentido, la URSS contuvo durante su existencia la violencia capitalista. Por tanto se puede decir que la URSS fue el katechon del imperialismo protestante capitalista durante casi un siglo. Y el Estado de Bienestar europeo el katechon tanto de la URSS como del capitalismo liberal salvaje. Karl Scmitt afirmó que los EEUU y Churchill fueron el katechon durante la II Guerra Mundial frente al nazismo. Durante la posguerra consideraba que este papel lo siguieron ejerciendo estas plataformas protestantes.

Pero Schmitt no vivió lo suficiente para asistir al desarrollo pujante de estas plataformas capitalistas que a través de la carrera de armamentos, la Guerra de la Galaxias y la guerra fría, derrotaron a la URSS. En 1991 la URSS se disolvió, y con ella la última fuerza con alcance histórico-secular capaz de contener la violencia capitalista de corte liberal-protestante.

El capitalismo postindustrial venció a la URSS. Con su caída este capitalismo ha desmantelado en sólo 20 años las instituciones del Estado de Bienestar que convertían a Europa en un oasis laboral: jornada laboral de 8 horas de trabajo diarias, paga de desempleo asegurada, seguridad social, vacaciones pagadas, clase media pujante y solvente, etc. La actual crisis económica es un ciclo inflaccionario más del sistema capitalista que ya no tiene la URSS como dique de contención. Y este ciclo inflaccionario  está acabando con el Estado de Bienestar que limitaba la violencia feroz de todos contra todos propia del mercado capitalista en estado puro. Sólo hay que entrar en youtube y visionar las manifestaciones de Grecia para darse cuenta de ello.

Sin embargo, el motor que marca el ritmo mundial de producción ya no son sólo los EEUU sino el bloque asiático, especialmente China y la India. Este ritmo tecno-económico capitalista se extiende por todo el mundo en un proceso de aceleración enloquecido cuya correa de transmisión tiene su eje de alimentación en los ritmos productivos chinos: el obrero chino trabaja 16 horas diarias, tiene el camastro en el taller, duerme 7 horas y retoma el trabajo sin solución de continuidad y sólo tienen 2 días de vacaciones al año.

La agresividad y la violencia de este ritmo tecno-económico de capitalismo en estado puro esta´barriendo literalmente los modos comunitarios de vida que nos hacen humanos: con mayor intensidad en China, pero no con menos virulencia en los EEUU.

El sistema capitalista postindustrial barre totalmente las estructuras de parentesco y comunidad. Amenaza lo humano, lo pone en peligro de extinción. Y lo sustituye por el individualismo feroz y la razón instrumental.  Ya no hay tiempo más que para producir. Se disuelven los vínculos comunitarios: uno ya no es padre de tal o cual hijo, ni esposo de no sé quién, ni hijo de fulano ni de mengana, ni pertenece a tal estirpe o tal saga o a tal clan. No hay tiempo para cultivar este tipo de relaciones familiares amplias. En la sociedad rural y pre-industrial los ritmos económicos se subordinaban a los ritmos comunitarios de convivencia familiar: se vivía con los abuelos, la crianza se realizaba con los primos, los vecinos y amigos eran como de la familia, algunos quedaban vinculados cuasi-sanguíneamente a través de la figura de los padrinos o los compadres y comadres. Los maestros eran los segundos padres, los tíos tenían voz y voto en cada una de las casas del núcleo familiar cuyo centro eran los abuelos.

Estas estructuras comunitarias, que definen al ser humano, son disueltas progresivamente por la violencia agresiva y descontrolada del mercado capitalista allí donde no encuentra su limitación histórica del katechon: jornadas de trabajo de 50 horas de trabajo semanal, movilidad laboral absoluta, desaparición del domingo como día de descanso a través de la liberalización de horarios, salarios bajos que obligan a trabajar a ambos cónyuges que apenas coinciden en la casa por la flexibilidad laboral de horarios, etc, etc. En esto coinciden el Manchester del siglo XIX y el Nueva York del siglo XXI.

El capitalismo postindustrial actual no tiene su katechon. Nada limita con fuerza al capitalismo postsoviético cuyos motores son el bloque chino y el bloque capitalista de tradición anglo-protestante, así como su filial franco-alemana en Europa.

Ningún bloque geopolítico actual tiene fuerza para detener estas plataformas que movilizan el mundo y determinan sus ritmos destruyedo las estructuras comunitarias a su paso.

Iniciativas como la huelga general convocada para el próximo 29 de marzo son inútiles, no sirven de nada; están además fuera de la realidad: siguen anclados en esquemas previos a la caída de la URSS. No se dan cuenta de la consecuencia tan enorme que ha tenido la caída de la URSS. El katechon que mantenía a raya la violencia capitalista mediante la violencia soviética ha caído, ya no existe. Ahora la violencia liberal con todo sus efectos (nihilismo, desocialización de lo social, disolución de los referentes educativos y de autoridad, etc.) campan a sus anchas y el izquierdismo es más un reconocimiento de una impotencia y una ignorancia supina que una muestra de poder y sabiduría.

El único bloque que podría mantener a raya la violencia capitalista sería aquel que mantuviera a salvo las tradiciones que, precisamente, el capitalismo liberal hace peligrar: como las estructuras comunitarias, las leyes de parentesco y los vínculos familiares intergeneracionales. Este bloque para ejercer de límite, o katechon contra la violencia capitalista, debería ser también un bloque ajeno a las tradiciones protestantes y maoístas.

Por tanto este bloque sólo podría dominar al capital si fuera enemigo de la contracultura y los movimientos antisistema surgidos del conflicto chino-soviético (revolución sexal y cultural, antipsiquiatría, muerte de la familia, eclipse del padre, posmodernidad, etc.), por cuanto son estelas el maoísmo chino que actualmente es el motor del mercado capitalista: Thatcher y Mao van de la mano. Y para muestra remito a la campaña publicitaria de Loewe para el año 2012-2013, o al libro Rebelarse Vende de Joseph Heath y Andrew Potter (2004).

Para ejercer de katechon contra el capitalismo este bloque geopolítico deberá además ser incompatible con el individualismo e irracionalismo emotivista protestante, donde coinciden EEUU, Alemania e Inglaterra.

Este bloque sólo puede ser el bloque de la hispanidad, las naciones  de área hispanoamericana, de tradición cultural católica y mayoritariamente hispano-hablantes.

Sólo esta plataforma hispana tendría suficiente potencia para contener el capitalismo salvaje liberal, por sus características demográficas (400 millones de almas), lingüísticas (el español como tercer lengua más usada en internet en 2010 con 154 millones de usuarios), históricas (la historia común de cuatro siglos) y por su esencia católica, comunitaria, incompatible con los usos individualistas del mercado capitalista de corte calvinista.

Sólo este bloque está ya unido por la lengua y la cultura, comparte estructuras sociales fuertemente comunitarias, y posee instituciones políticas o económicas consolidadas (OEA, Mercosur, CELAC, ALBA).

Además, las diferentes naciones de esta plataforma geopolítica están vinculadas en su totalidad por la institución metapolítica de la Iglesia católico-romana a través de la sucesión apostólica de los obispos en las diferentes diócesis hispanoamericanas, lo que asegura la perpetuación de estas estructuras comunitarias mediante el munus docendi eclesiástico y su labor pastoral intensa y ampliamente extendida por toda la masa social. La unidad de estos obispos se robustece además gracias a la CELAM, y el Documento de Aparecida.

A ellos nos dirigimos usando el viejo lema marxista: hispanos de todas las naciones católicas del mundo, uníos.

El enemigo común es terrible y hay que contenerlo ya, antes de que acabe con todo lo que define lo humano desde sus orígenes. Sólo entonces el capitalismo posindustrial tendrá su katechon, tan necesario y urgente, que actualmente no posee.

Las medidas de izquierdismo situacionista y trotskismo barato contra el capitalismo actual son ridículas. Su entrismo ideológico en los mass-media (La Sexta), la huelga general de los sindicatos mayoritarios para el 29 de marzo y su “revolución permanente” (los indignados, 15-M) son como querer detener tanques lanzándoles alfileres.

¡Católicos de todas las naciones hispanas de la tierra, uníos!

Uníos para controlar con firmeza esta hidra de violencia inhumana y voraz que es el capitalismo postindustrial que nos está llevando a la catástrofe antropológica más grave de la historia desde la caída del Imperio romano.

A ti remitimos la justicia, ¡Ven Señor, Jesús!

>Saltó la liebre…

>Aunque era algo que se veía venir, que estaba en el ambiente y que necesariamente deberá ser pensado de forma rigurosa. Me refiero a si podemos decir que hay religión detrás de las revueltas; me refiero a si el Islam tiene algo que ver con esta “ola revolucionaria”, como cacarean los líderes destronados o seriamente amenazados. Lo cierto es que el elaborado texto de Robert Fisk sobre la cuestión no deja títere con cabeza y proclama que esta revolución es secular en el mundo… ¿islámico?

Será interesante ver cuál es el reparto de culpas final, el golaberaje ideológico y religioso, el resultado de la revuelta. Yo por si acaso busco algo de lucidez en la lectura de L’homme révolté de Camus. Alberto Signorini lo cita en su introducción a La pietra scartata (La piedra desechada), un libro que reúne algunos textos de Girard sobre antisemitismo. Y lo cierto es que algunas de sus intuiciones aciertan de pleno (la necesidad de un regicidio para que se produzca el cambio, el papel de la masa, etc.).

¿Cuál es aquí y ahora el chivo expiatorio? ¿Cuál es la lectura mítica que se nos impondrá? ¿Estamos ante la Revolución Francesa musulmana? ¿Lo peor está por venir? ¿O se trata del mero anticipo de lo mejor, de una mejora escatológica? Completar  a Girard completando a Clausewitz tal vez sea hoy más urgente que nunca. Podríamos escribir un libro que se llamara Achever Girard.

>"Domino’s Theory" (2).

>

Sigo dándole vueltas a lo de Egipto (aka, anteriormente, “lo de Túnez”) y por más que le doy vueltas siento que se me escapa algo. Como si cognitivamente no estuviera preparado para esto. Para comprender la complejidad, para entender la morfogénesis de estas estructuras políticas, sociales, antropológicas… ¿religiosas? Pronto, seguramente, llegará el mito.
Tomando el guante que nos ha arrojado Ángel os propongo deconstruir el mito antes de que se produzca. Antes incluso de que tenga atisbos de mito, de relato religioso (es decir, relato que explica, muestra y oculta a la vez la violencia originaria). Antes de hacerlo, es necesario plantearse un par de preguntas epistemológicas. La primer hace referencia a la posibilidad de tal empeño, y es una pregunta a la que se tienen que enfrentar muchos historiadores, críticos literarios y antropólogos: ¿hay la suficiente distancia? Dando por hecho que es necesaria la distancia para la objetividad, dando por hecha la objetividad de la distancia, asumiendo que todo conocimiento válido ha de ser objetivo, que todo conocimiento subjetivo es sospechoso, platónicos encubiertos. No hay suficiente distancia, eso está claro. Estamos ante las cosas que están siendo, que están fundando. Estamos en el origen de algo, se supone. Eso dicen, o dirán los periódicos. Esta distancia cronológica está unida a una segunda distancia, la cultural (bajo sospecha de etnocentrismo) que también cuenta y mucho. Una doble distancia, por tanto, que para muchos es insalvable (aunque, lo puede confirmar el señor Atienza, es cierto que ya hay empeños antropológicos encaminados a saltarse a la torera ambas distancias e ignorarlas por completo en sus trabajos de campo) y nos deja sin los análisis de las únicas cosas que realmente nos afectan e interesan: las de ahora, y aquí.
La segunda pregunta que tendremos que formularnos es algo más pedestre: ¿podemos analizar la complejidad geopolítica antes aún de que toda la red de complejas relaciones se haya establecido, antes de que esa red se haga tan tupida que proteja y oculte a la vez el hecho que tratamos de descubrir bajo ella? ¿No nos estaremos adelantando a los acontecimientos? ¿No estaremos proyectando sobre la situación una retícula que nos impide verla realmente tal cual es? Lo cierto es que nos moveríamos en el terreno de la falacia. 
Nada de esto, por lo que parece, ha afectado a la laboriosa y anónima Wikipedia [no tan anónima], que ya se ha sumado a la fiebre del análisis en entradas como esta, con sus correspondientes y variables versiones en inglés, francés e italiano (que son las que he consultado). Es decir, ¿cuándo mejor que ahora vamos a tener acceso a tal cantidad de material, opiniones e interpretaciones que ahora? Es ahora cuando están empezando a escribirse los libros, a cristalizar los informes, los estudios, a acumularse crónicas y reportajes que terminarán en libros, y el largo etcétera que termina construyendo eso que es un mito, una religión, un estado. 
Algunas de las tesis del libro de Cavanaugh pueden testarse en este amplio arco de acontecimientos. Para ir hincando el diente os copio algunos de los enlaces que he ido recolectando acá y allá:
Diarios y publicaciones españolas:
Textos de los USA y mundo anglosajón:
“Egypt’s Revolution, Bush’s Victory?”, Blog del NYT, 11feb2011, (esta está muy bien porque apunta al dedo de Bush como el dedo que tiro la primera ficha del dominó);
“Military Offers Assurances to Egypt and Neighbors”, 12feb2011, NYT, (el papel del ejército ¿pacifista? en toda el desarrollo de los acontecimientos en Egipto)
“Violent Clashes Markt Protests Against Mubarak’s Rule”, NYT, 25ene2011, (donde la cosa ya no pinta tan pacífica… )
“Egypt Leaders Found ‘Off’ Switch for Internet”, NYT, 15ene2011, (que apunta una cuestión de la que casi no hemos hablado, pero que sería un item interesante: el papel de las redes sociales e internet como nuevas vías de contagio mimético )
“Why Israel Hates the Egyptian Uprising”, Slate, 3 de febrero de 2011 (ésta es una revista que pertenece al grupo del Post, de raíz liberal; tiene versión en francés)
Textos en francés:
“Tunisie, Algérie… La théorie des dominos dans le monde arabe” , 14 de enero de 2011, Slate France (he aquí la versión francesa con un texto muy interesante)
En inglés algunas blogs activos de seguimiento de las revueltas: 
En inglés aún, infomes y análisis reportados:
Un breve análisis del Council of Foreign Relations, un think tank fundado por David Rockefeller que se dice independiente… claro que cuenta entre sus miembros a Angelina Jolie (¿?). En serio, no está mal.
Del mismo grupo, este análisis “Can Tunisia Spark a Revolucionary Wave?” (sobre el concepto de revolutionary waves podéis ver este libro)
Otro análisis de otro think tank, este de Carnegie Endowment. Estos americanos se pirran por los análisis.
No sabemos aún qué fichas caerán, pero cuando lo sepamos nos será tan evidente que nos lamentaremos de no haber caído antes en lo evidente. Es curioso comprobar cómo precisamente esta actitud es la que nos impide reconocer las cosas ocultas desde la fundación. La ocultación (la meconoissance) nos obligaría a ir en contra de ese impulso a creer evidente entonces lo que hasta ese momento era poco menos que improbable. Al excavar en esa dirección encontraríamos, sin duda, la sorpresa de lo evidente, inevitable y profetizable: la mímesis, nuestro obsesivo anhelo de identidad con el otro que nos lleva a sucumbir en las peores formas de mímesis, aquellas en las que nos desbordamos en la identidad con la masa. De todos modos no podemos evitarlo: es la masa la que nos preserva de lo peor, que aún está siempre por venir. La pregunta es (y, Ángel, por ahí podría ir una ponencia para el COV&R) ¿qué significa todo esto, y que papel juega/jugará Europa/USA?
[Adenda: esta entrada la comencé el viernes. Después de un fin de semana “apartado del mundanal ruido” en Javea, disfrutando de paz, amistad y paisajes casi de mentira, añadimos nuevas piezas: Libia. Y con ella llegó la violencia: la noticia en El Mundo y en El País]

>El libro revelación

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Ese libro fue para mi una revelación. No me podía creer lo que estaba leyendo. El cristianismo como ciencia dándale vueltas a la psicología, la antropología, y la teología clásicas. En mi página se pueden encontrar textos, traducciones, comentarios y análisis de realidades acontecidas y películas desde la teoría girardiana.
Por cierto, respecto de lo del “efecto dominó”, salió el viernes creo, un artículo en el mundo aplicando al teoría mimética a los que está pasando en el Norte de África, hasta con un chiste gráfico sobre el asunto de la caída de regímenes como fichas de dominó, aludiendo al efecto contagio mimético. Por ahí podría ir un artículito.

>Efecto dominó…

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Es curiosa la dinámica del “efecto dominó”: rápidamente olvida uno el origen de la avalancha de piezas y se somete alucinado al espectáculo que se le ofrece, que no es otro que el de una hipnótica sucesión interminable de piezas caídas. El origen, el dedo que empuja la primera pieza, es olvidado con la misma rapidez con la que caen las fichas.

La expresión, tan afortunada como poco precisa, ha logrado cuajar como la explicación que desde los medios de comunicación se da a lo que está pasando en el mundo árabe. Se trata de otra de esas metáforas de la vida cotidiana que, lejos de ser meros juegos de palabras, esconden -literalmente- una nada inocente postura asumida ante los acontecimientos. No da lo mismo referirse a estos acontecimientos con una u otra expresión. Y la que hemos elegido da buena cuenta de ello. Vamos a comprobarlo. [Ni que decir tiene que lo que viene a continuación no tiene ningún valor académico, rigor científico ni nada que se le acerque: trato de pensar a vuela pluma algunas de las cosas que están pasando].

Cuando uno piensa en ese efecto dominó piensa en el juego infantil que describía más arriba. Pero si uno hace una búsqueda rápida en la wikipedia se encuentra con que la cosa es algo más compleja. Y más aún si se consultan las entradas inglesas. La primera sorpresa llega cuando nos encontramos con una página de desambiguación que nos conduce a distintos lugares. Dos de ellos nos interesan enormemente: la teoría del dominó, o domino theory, y la denominada pendiente resbaladiza (slippery slope). La primera de ellas, que en su entrada inglesa incluye ya una actualización sobre el tema (una caricatura con la primera (?) pieza de dominó con la bandera tunecina), y remite a la snowball theory. Lo interesante de ambas teorías es que tratan de explicar fenómenos geopolíticos de enorme complejidad a través de imágenes de relativa sencillez.

Por un lado, la bola de nieve ejemplifica el crecimiento imparable e incontenible de determinadas series de acontecimientos. La caída de una bola de nieve que va creciendo y creciendo, casi diría uno que entrópicamente, hacia un fin catastrófico, es una caída impersonal, sin origen. Las bolas de nieve que caen por una pendiente, caen solas -juega su papel la gravedad, es cierto, pero una gravedad también ella impersonal, imparcial- aun aquellas que han sido arrojadas por alguien. Su avance amenazador se produce casi por accidente. Pero lo accidental, siempre impensable, se convierte pronto, muy pronto, en inevitable. Su avance, trastabillante y discreto al principio, adquiere pronto la firmeza de una apisonadora.

El dominó, ya lo hemos dicho, concentra toda su fuerza metafórica en la ausencia del dedo que empuja la primera ficha. Es curioso que en la caricatura el dibujante haya decidido no representar ese dedo ex machina. Lo cierto es que para representar lo que el dominó simboliza o pretende simbolizar no es necesario ningún dedo mágico. Las fichas caen, y van a seguir cayendo inevitablemente, y eso es lo importante en un dominó, lo que hace que realmente sea lo que es. Pero los dominós verdaderamente hermosos son los que parecen no tener fin. En nuestro afán de ir siempre un poco más allá, de añadir siempre una ficha más, de hacer que no termine la caída de la ficha. Porque si termina, si tenemos un final, giraremos la cabeza rápidamente buscando el principio.

Matemáticamente el problema no lo es tanto: a pesar de que se presente el efecto dominó como una “representación informal” de la inducción matemática, expresiones como esta

(\forall P)[P(0) \land ( \forall k \in \mathbb{N}) (P(k) \Rightarrow P(k+1))] \Rightarrow ( \forall n \in \mathbb{N} ) [ P(n) ]

demuestran que una vez cae una ficha, las demás caen por su propio peso (que me perdonen los matemáticos de la sala por el atrevimiento). Pero aunque en el Mundo Real las cosas parecen caerse por su propio peso, ¿los eventos y sucesos de Túnez obligaban a lo que está sucediendo en Egipto? ¿Quién señala cuál era la siguiente ficha? Ahora dicen que Irán. Se abren las apuestas. Me da la sensación de que la bola de nieve, la mecha prendida, o la hilera de fichas preparadas es cuanto menos variable.

Sarkozy ha visto como “inevitable” un cambio sobre el que sólo algunos avisados preconizaban su advenimiento [también El Baradei piensa en esta inevitabilidad]. La caída de Mubarak ¿es la antesala de otras caídas? Como siempre nuestra imaginación, nuestras previsiones y lo mejor de nuestros análisis están vueltos hacia delante. Nos ocultan el secreto origen de este movimiento inevitable -aunque se haya evitado durante mcuho timepo-. Todos en Europa alabamos la valentía del pueblo egipcio, tunecino, argelino, yemení o iraní, al echarse a la calle e encender la mecha. Como si el pueblo, esa individual colectividad, hubiera sido capaz de poner en marcha la maquinaria. Para los amantes de las teorías del complot, siento decepcionaros. Creo que, por una vez, la prensa no se confunde -demasiado-. Ha sido el pueblo, que es como decir nadie, o todos, quien ha empujado la primera ficha. Una vez ha caído ésta, como si de una enfermedad infecciosa se tratase, se ha producido el contagio. El contagio de masa en masa, agrandándose hasta que todos, en una inédita internacional postmoderna -¡proletario musulmán del mundo unido!- han logrado derrocar al tirano, ese contagio parece ser imparable.

Como toda marea, llegará la resaca (por seguir con el juego de metáforas: esta de la marea trata de explicar porque lo inevitable se suele volver contra sí mismo). La resaca en situaciones como esta sigue a procesos de mitologización efervescente (es decir, aquellos sucesos que rápidamente se alojan en el imaginario mitológico, hacen historia o se transforman en iconos de algo). Es el caso de lo que ha estado pasando, está pasando y pasará en Túnez, en Egipto y allá donde la mecha nos lleve.

El hecho de que en Egipto todo comience con un mártir, víctima rápidamente divinizada (todos los jóvenes en Alejandría llevaban su foto, dicen), que la masa-pueblo ocupe un lugar protagonista, que los reyes-dioses sean depuestos y que grupos islamistas quieran hacer suyo toda esta dinámica antropológico-social nos conducen a una única posible conclusión: hay algo de sacro, de religioso (en el sentido que le suele dar Girard al término: sacro=violento) en todo esto, y cierto Islam no quiere perder comba. La poderosa épica que los hechos transmiten, a la que han sucumbido los medios de comunicación en Occidente y en todo el mundo, es de raíz sacra. Su vinculación con la violencia está por ver. Por ahora parece que todo está sucediendo con una cierta contención (a pesar de saqueos, enfrentamientos policiales, algunos fallecidos, y un largo etcétera que en nuestro cómodo Occidente no consentiríamos).

Con media España (¡ay, la España de las mitades!) creyendo vivir bajo una dictadura, lo raro es que no nos dé por salir a las calles a exigir un cambio. Lo mismo es que somos demasiado civilizados como para hacernos ya una masa. Lo mismo es que la democracia, esa lotería, va y sirve de algo. O lo mismo es que la mecha aquí ya no prende porque ya somos post-religiosos. O lo mismo no, lo mismo le hemos visto las orejas al lobo y ya no nos atrevemos ni a movernos. Que se muevan otros, que vaya el otro a la plaza.

Como ya se ha dicho, el trato sórdido al que parece que estamos condenados aprieta cada vez más. Hay, dejadme polemizar, otras masas y otros mártires.