El marxismo ha muerto, pero nosotros no lo hemos matado

Por David Atienza de Frutos, 5 de abril de 2012

El 23 de marzo de 2012, Benedicto XVI respondía a las preguntas que los periodistas le hacían en su ya tradicional audiencia “aérea” al inicio de la visita que ha hecho ha México y a Cuba. El Papa afirmaba que “Hoy está claro que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. Porque no tiene respuestas para la construcción de una nueva sociedad. Deben ser encontrados nuevos modelos, con paciencia.”

La falta de respuestas socio-políticas ante la realidad que se impone es un hecho consumado en esta sociedad en la que vivimos. El marxismo ha fracasado, ha muerto, -descanse en paz- y el modelo capitalista se colapsa a pasos forzados –asistiremos también a su funeral-. El mecanismo sacrificial que antes era capaz de generar ideología no tiene ya fuerza, su semen es infértil, desmitificado por la pasión de Jesucristo y parece que no hay manera de engendrar la comunión entre los hombres por vías político-económicas o sacrificiales. Recuerdo que en la película la Ola de Dennis Gansel un joven en una discoteca se queja sobre la falta de ideales mientras que su colega, copita en mano, le decía: qué se puede esperar de un mundo donde lo más buscado en internet es “Paris Hilton”. Nada se genera y nada se espera ya, mas allá de la búsqueda del placer hedonista que es por defecto individualista y, por lo tanto, está vinculado profundamente al deseo mimético por ende engendrador de una violencia que ya apenas se puede contener.

No obstante el marxismo no murió de la noche a la mañana. Sigue agonizando entre estertores de muerte, pero nadie duda de su caducidad inminente. En Cuba el marxismo se muere junto con sus profetas y en China ha mutado hasta generar una nueva especie que ya no es posible reconocer como hija de su padre. En América Latina se ha vestido de indigenismo asumiendo un misticismo de laboratorio que carece realmente de contenido. El pensamiento panandino que divide al mundo entre indígenas y no indígenas, el pachakutec, el giro de la tortilla, se impone como la alternativa mística a la revolución marxista pero sigue siendo apenas un engendro falto de vida propia que debe ser alimentado artificialmente por las subvenciones de las ONGs europeas. En las universidades occidentales el marxismo ha mutado para tratar de sobrevivir de diversas maneras, casi siempre sostenido por los avances físico-matemáticos aplicados a las ciencias sociales, como por ejemplo las teorías de los sistemas complejos no lineales.

El marxismo ha muerto pero, en este caso, nosotros no lo hemos matado, ya que ha muerto de viejo. El límite lógico al sistema, su enfermedad mortal, proviene de la propia dinámica marxista. Todo sistema dialéctico se enfrenta a una paradoja interna pues la disolución-incorporación del contrario en la síntesis no puede más que generar una nueva oposición, lo que condena al sistema a un eterno tiempo cíclico. Los opuestos se necesitan continuamente para pensarse si mismos y la desaparición de uno de ellos implicaría la disolución del opuesto. Esta paradoja es la que ha condenado al marxismo materialista a su desaparición-transformación progresiva, paradoja que también se encuentra latente en los movimientos indigenistas y en los sistemas físico-matemáticos aplicados a las ciencias sociales pues nunca se alcanza la síntesis, las profecías no se cumplen y la gente se aburre y desespera. Pero el problema fundamental, como el Papa comenta, es que el marxismo es una teoría instrumental, que no realista, y que por lo tanto ya no tiene respuestas para el tiempo en que vivimos.

El marxismo es instrumental por que la historia no se configura como una espiral dialéctica ascendente que inevitablemente alcanzara la auto-comprensión sintética de si-misma o el paraíso terrenal, sino que parece más bien, siguiendo a Oughourlian y a Girard, se parece mas a un balancín que sube y baja. Cuando uno esta arriba el otro baja y viceversa, en un ciclo interminable. Lo único que cambia es el paisaje alrededor y la velocidad del balancín incrementando la violencia. Este es el tiempo escatológico en el que vivimos desde la primera venida de Cristo y que no terminará hasta la segunda llegada del Mesías o el advenimiento del Reino. El problema entonces no es que no sepamos ni el día ni la hora en que Cristo volverá, el único problema es si cuando llegue ese día habrá Fé sobre la faz de la tierra.

 

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Lo de Londres, lo de África, lo del Noruego y lo de Madrid

Por Ángel Barahona Plaza

Todos los sucesos necesitan una teoría que los interprete. Este es uno de los puntos débiles del naturalismo… Si es consecuente en este caos de lo social –no menor que el de las ciencias naturales- todo sucede porque sucede, sin explicación racional, de manera casual, sin más perspectivas de comprensión que la regularidad. Desde Hume venimos creyendo esto pero sin ser consecuentes. El puro empiricismo no nos puede decir otra cosa. Los sucesos del mundo no tienen nexos causales explicativos, son aleatorios, y lo único que nos permite sospechar un orden es su repetición, su machacona y contumaz regularidad, pero tampoco tenemos garantías de que ese conato de orden permanezca o se estabilice para siempre, para que se pueda convertir en ley científica. Esto es así para la genética, la neurociencia, la física, y hasta la economía, la historia, etc. –fíjense en donde pongo el “hasta”-. El protagonista shakespeariano tenía razón: la historia es el relato de un loco lleno de furia y de rabia, o, tal vez, como Chesterton nos quiere decir en el pasaje del Padre Brown en el que un pobre loco se encuentra atado a un árbol en medio de una tormenta…  todo forme parte de una teoría, de la que no sepamos encontrar las claves.
Aquí los naturalistas, materialistas, marxistas,  positivistas, no son coherentes… porque tendrían que decir lo que he dicho al principio y callar para siempre. Pero no. Dan explicaciones de todo tipo. Casi todo lo que dicen es en parte verdad, pero sólo en una pequeña parte: que si el malestar del desarraigo, que si las desigualdades económicas, que si el efecto de la educación multicultural fracasada, etc., etc. Pero creo sinceramente en que no deberían decir nada puesto que el materialismo coherente debería no incluir ningún criterio racional en los sucesos del mundo. En cuanto crean en un criterio racional se les va a colar el monstruo divino y van a tener un problema, o nos van a matar a todos para ajustarnos a su concepción inequívoca del mundo..
Se pueden esgrimir algunos argumentos.  No pretendo, argumentando a la contra, la racionalización absoluta, pero sí creo que es fácil encontrar unas razones plausibles que pongan un poco de orden.
Estamos últimamente viendo que hay terroristas de cultura occidental, que el Efecto dominó…” href=”https://xiphiasgladius.wordpress.com/2011/02/15/efecto-domino/”>efecto dominó ha llevado a una oleada o cadena de movimientos juveniles en el Norte de África. Que los jóvenes quedan en la puerta del Sol para protestar indignados por no sé qué situación – el motivo es lo de menos – para incoar algaradas multitudinarias, como quedan en  la Estación Central de Nueva York para bailar a lo Michael Jackson o montan un flash mob en cualquier lado vestidos a lo Elvis o de Bola de Dragón.
No hace falta leer a René Girard (El origen de la cultura, Trotta) y a Jean Pierre Dupuy (El pánico, Gedisa), o a Elías Canetti (Masa y poder, Galaxia Gutenberg), para entender  que se trata de un juego mimético. Sí, existe una ley, no sólo una regularidad. Los jóvenes de la sociedad de masas imitan. La imitación, antes que la racionalidad, es constitutivamente lo más humano de lo humano. Es una pena que a los materialistas sólo les atraiga de esta teoría el descubrimiento –de corte naturalista- de las neuronas espejo. El ser humano imita cualquier gesto que pueda sugerir que el modelo, el líder, ha encontrado un sentido direccional a la acción en medio del caos que nos da vértigo. ¡Hay que seguirle de inmediato! Cuando se ve que esa oferta de salvación es como todas: efímera, puntual, y que  arrastra irremediablemente al caos y a la violencia… ya es demasiado tarde. Entonces los analistas y el gobierno buscan una causa culpable… Debaten, dirimen, discriminan, diseccionan, toman medidas… La economía, la educación y vuelta a  empezar hasta el próximo movimiento flash mob, crowd, de masa anodina. Hay una racional racionalidad en la masa: el hombre imita a su hermano. Es verdad,  aquí la contribución del marxismo es oportuna: la desigualdad de clases, el convivir con un vecino al que la vida le va bien, la multicultural vivencia de la injusticia por cuestiones de raza, nacimiento… ¡Qué va, que no pretenda tamaña originalidad! El marxismo es la enésima versión del Génesis: la envidia es mimética. Tal vez Nietzsche nos lo explique: los esclavos se rebelan, los últimos hombres llenos de lujuria, de deseo de poseer  el poder de los señores, el resentimiento… ¡Qué va, el hijo del pastor protestante, Nietzsche, sólo bebe de la misma fuente que el hijo del judío mal convertido: el Génesis! Los hombres, que han matado a Dios, se envidian y rivalizan hasta importarles nada la vida del otro. Los dioses se matan entre ellos, se odian, resienten una y otra vez que el azar-destino-fatum  les ha tratado mal. Si fueran consecuentes con su propia teoría…, como no lo son, siguen imputando a Dios la culpa de su mal, pero como lo que tienen de él a mano son los creyentes…-  se manifiestan contra él  asediando a los cristianos. Nuestro problema consiste simplemente en que todavía creemos en una razón para entender el caos, en que el sufrimiento tiene un escandaloso sentido, que la libertad reporta injusticia pero la genial posibilidad de neutralizarla juntos, que la causa de todo los males es la envidia mimética.
Algunos se quemaron intentando comprobar que no había regularidad causal en el fuego (muertos, heridos, encarcelados), pero da igual, de inmediato buscamos otro modelo digno de ser imitado. Luego los medios  se encargan de extender como la pólvora la sugestión. No pasa nada, mañana habrá otra genial idea para imitar que nos saque del aburrimiento.
Lo malo que se empieza a repetir mucho la regularidad de que los retrógrados que “todavía creen” tienen la culpa de algo…
¿Qué tendrá que ver Londres, con el Noruego, con el Norte de África, con las protestas por la visita del Papa? Nada, pero son los falsos protagonistas los que se empeñan en la teoría: economía, desigualdad, injusticia, política… la derecha, la religión. La izquierda posee la verdad: la culpa siempre la tiene el otro.
A nosotros nos posee ella, y nos dejamos poseer: todo está escrito. No estoy hablando de religión, ni de sobrenaturalismo. Es muy sencillo, se encuentra en el Génesis (J-M Oughourlian, La génesis del deseo): envidia de tener un modelo realmente digno y coherente, envidia de tener esperanza fundada, envidia de que a mi hermano le caiga mejor la chaqueta, genera en mi hermano –al que amaré aunque me mate- resentimiento, malestar en él y en su cultura.  Y el final también lo sabemos: nuestra propia teoría dice que en cada generación hay que elegir. Si se rechaza a Cristo tienes a Barrabás, el hijo de la violencia. La historia es muy sencilla, creemos nuestra propia teoría, no vale nada, pero es que es tan predictiva.  Caín, tu hermano no tiene nada contra ti, ni tiene la culpar de tus males. ¡Déjale en paz, hijo mío!